
viernes, 27 de marzo de 2009
Bienvenida

Le damos la bienvenida al blog del atletico nacional que es uno de los mas grandes equipos que tiene nuestro querido pais colombia.
atletico nacional a traves de los tiempos ha sido un gran representante de colombia a nivel internacional ya que se a consagrado campeon en varias ocasiones como lo son en la copa toyota libertadores, la nissan suramericana y entre otras....
a continuacion le presentaremos cada dato importante que tiene el club atletico nacional tales como los idolos, tecnicos, plantel 2009 y muchas cosas mas.....
atletico nacional a traves de los tiempos ha sido un gran representante de colombia a nivel internacional ya que se a consagrado campeon en varias ocasiones como lo son en la copa toyota libertadores, la nissan suramericana y entre otras....
a continuacion le presentaremos cada dato importante que tiene el club atletico nacional tales como los idolos, tecnicos, plantel 2009 y muchas cosas mas.....
Jugadores 2009

Plantilla 2009
Nº
Posición
Jugador
1
POR
Eduardo Blandón
2
DEF
Humberto Mendoza
3
DEF
Walter Moreno
4
DEF
Juan Carlos Mosquera
5
DEF
Andrés Felipe Orozco
7
DEF
Baiano
8
MED
Jhon Charria
10
MED
Aldo Leão Ramírez
11
DEL
León Darío Muñoz
12
POR
Carlos Barahona
13
MED
José Antonio Amaya
Nº
Posición
Jugador
14
MED
Jairo Palomino
17
DEL
Carlos Rentería
18
DEL
Luis Alberto Perea
19
DEL
Sergio Galván
20
DEF
Stiven Vélez
21
MED
Juan Carlos Mariño
22
MED
Víctor Ibarbo
23
MED
Harold Martínez
24
MED
Diego Toro
25
MED
Edwin Cardona
70
MED
Giovanni Moreno
100
DEF
Julían Andrés Díaz
Sergio Galván también posee la ciudadanía colombiana.
Altas 2009
Nº
Posición
Jugador
DEF
Andrés Felipe Orozco (Procedencia: Internacional)[98]
DEF
Baiano (Procedencia: Vasco da Gama)[99]
Nº
Posición
Jugador
MED
Aldo Leão Ramírez (Procedencia: Monarcas Morelia)[100]
MED
Juan Carlos Mariño (Procedencia: Cienciano)[101]
Bajas 2009
Nº
Posición
Jugador
1
POR
Eduardo Blandón
2
DEF
Humberto Mendoza
3
DEF
Walter Moreno
4
DEF
Juan Carlos Mosquera
5
DEF
Andrés Felipe Orozco
7
DEF
Baiano
8
MED
Jhon Charria
10
MED
Aldo Leão Ramírez
11
DEL
León Darío Muñoz
12
POR
Carlos Barahona
13
MED
José Antonio Amaya
Nº
Posición
Jugador
14
MED
Jairo Palomino
17
DEL
Carlos Rentería
18
DEL
Luis Alberto Perea
19
DEL
Sergio Galván
20
DEF
Stiven Vélez
21
MED
Juan Carlos Mariño
22
MED
Víctor Ibarbo
23
MED
Harold Martínez
24
MED
Diego Toro
25
MED
Edwin Cardona
70
MED
Giovanni Moreno
100
DEF
Julían Andrés Díaz
Sergio Galván también posee la ciudadanía colombiana.
Altas 2009
Nº
Posición
Jugador
DEF
Andrés Felipe Orozco (Procedencia: Internacional)[98]
DEF
Baiano (Procedencia: Vasco da Gama)[99]
Nº
Posición
Jugador
MED
Aldo Leão Ramírez (Procedencia: Monarcas Morelia)[100]
MED
Juan Carlos Mariño (Procedencia: Cienciano)[101]
Bajas 2009
Nº
Posición
Jugador
DEL
Carlos Villagra (Destino: Cerro Porteño)[102]
POR
Juan Carlos Patiño [103]
DEF
Carlos Alberto Díaz (Destino: Deportivo Pereira)[104]
DEF
Óscar Passo (Destino: Real Cartagena)[105]
DEF
Fernando Pulgarín [103]
Nº
Posición
Jugador
MED
Luis Felipe Chará (Destino: Envigado FC)[106]
DEF
Novelio Romaña [103]
DEL
Carmelo Valencia (Destino: Millonarios)[107]
DEF
Marlon Piedrahita (Destino: Envigado FC)[108]
miércoles, 25 de marzo de 2009
Los del Sur (Historia)

En 1992 se creó el primer grupo de hinchas del Escándalo Verde que querían hacer algo diferente para alentar al Atlético Nacional.
Sacaron algunas banderas y camisetas que llevaban al estadio, se seguían haciendo con el Escándalo, pero no se ponían la camiseta de la barra, tenían sus banderas y sus camisetas, y hasta sacaron algunos cánticos que cantaban dentro de la barra. La mayoría de cánticos no gustaron por su estilo sureño, pero hubo otros cantos que el Escandalo luego acomodó a su estilo y comenzó a cantar.
Este primer grupo se autodenominó Hijos del Sur, por su influencia en el estilo del sur del continente. Sus banderas y trapos después de siete años todavía existen y son colocados con orgullo en la gloriosa tribuna Sur del Estadio Atanasio Girardot, como prueba verídica de su existencia. Este grupo se disolvió a través de los años y no pudieron hacer su sueño realidad de crear una barra en la popular.En 1997 surgió un grupo mucho más grande y con mayor fuerza, muchos de sus integrantes pertenecientes a la Villa del Aburrá, urbanización donde Los Del Sur tienen muchos miembros. Este grupo tenía una tira, banderas y llevaba mucho humo al estadio.
Se ubicaba en oriental y surgió durante la Supercopa en la que Nacional llegó a Semifinales e influyeron realmente en la creación de Los Del Sur, pero por falta de comunicación, el día que se fundo oficialmente la barra Los Del Sur (20 de noviembre de 1997) muchos se fueron para la tribuna oriental y es por eso que solo hubo 12 fundadores que se hicieron en Sur con 2 tiras, varias banderas, papel, rollos, humo y bengalas.
Aunque realmente la barra la comenzaron unas 30 personas, tras un año de su fundación creció hasta los 1500 miembros.
Este que era el sueño de diez personas que anhelaban crear la barra mas grande y popular del pais y que a su vez fuera la mas representativa del Club Atletico Nacional, que lo acompañara a lo largo del territorio colombiano.
La filosofia clara y unos ideales definidos permitieron que Los Del Sur creciera de manera vertiginosa.
Ya en Bogotá algunos miembros del Escandalo Verde se unieron y formaron lo que hoy es Los Del Sur Bogota. Empezó a revivirse ese fenomeno de acompañamiento masivo al equipo a lo largo del territorio colombiano. Esto no pasó inadvertido y la prensa, que junto a algunos conflictos sostenidos con la barra contraria en Medellin, tildaron a Los Del Sur de barra brava.
A mediados del año 1999 es donde la barra muestra su evolucion y pasa la barrera de los 5000 miembros. Bogotá no se quedaba atrás y ya empezaba a ampliar su tamaño y organización. Al terminar el año, Nacional tras vencer al rival de patio, clasifica a la final contra un equipo de Cali, siendo esta la oportunidad de Los Del Sur para dar a conocer su desarrollo, y se vio por primera vez la tribuna Sur del Atanasio Girardot a reventar con unas 12.000 personas.
El aliento durante los 90 minutos fue abrumador, pero mas abrumador era que esa nueva barra se habia apoderado del fervor de todo el estadio que empezaba timidamente a acoplar sus canticos. El balance no pudo ser mejor al finalizar el año: El Rey de Copas Colombiano se alzaba con otro título más y Los Del Sur veían nacer nuevas filiales en Cali, Manizales, Villavicencio y Bucaramanga.
Filosofia
Nuestra filosofía se basa en la concepción de que Los Del Sur mas que ser una barra, es una gran familia, integrada por personas de diferentes estratos sociales, diferencias religiosas, concepciones políticas, de edad, sexo, raza etc; unida por ese amor que se le tiene al Atlético Nacional y que se demuestra sanamente, al acompañarlo en todo momento, en todo lugar y brindarle un aliento incondicional en señal de agradecimiento a sus grandiosas gestas.Hacerlo sentir local en lugares lejanos y adversos, brindar alegría y aportar un grano en esta que es considerada por nosotros como la fiesta futbolera de colombia. Para ello es de nosotros copar la populares de los estadios donde Nacional vaya a jugar, inundar las tribunas del verde, color de nuestra casaca y nuestro corazón, lanzar miles de rollos, banderas, tiras, trapos, globos, humo, sombrillas, béngalas y todas esas cosas que aportan alegría a la hinchada verdolaga junto con lo mas importante: brindar aguante desde la tribuna durante los noventa minutos.
Es esto lo que nos diferencia de los demás, no creemos en la violencia en la manera de lograr nuestros objetivos pues no nos consideramos ni somos barra bravas. La violencia es pues el más primario de nuestros recursos de defensa de nuestro colores, nuestros ideales, nuestros símbolos y nuestra integridad.Es pues nuestro deber como buenos sureños respetar esta concepción simple y que resume nuestro estilo de vida
Sacaron algunas banderas y camisetas que llevaban al estadio, se seguían haciendo con el Escándalo, pero no se ponían la camiseta de la barra, tenían sus banderas y sus camisetas, y hasta sacaron algunos cánticos que cantaban dentro de la barra. La mayoría de cánticos no gustaron por su estilo sureño, pero hubo otros cantos que el Escandalo luego acomodó a su estilo y comenzó a cantar.
Este primer grupo se autodenominó Hijos del Sur, por su influencia en el estilo del sur del continente. Sus banderas y trapos después de siete años todavía existen y son colocados con orgullo en la gloriosa tribuna Sur del Estadio Atanasio Girardot, como prueba verídica de su existencia. Este grupo se disolvió a través de los años y no pudieron hacer su sueño realidad de crear una barra en la popular.En 1997 surgió un grupo mucho más grande y con mayor fuerza, muchos de sus integrantes pertenecientes a la Villa del Aburrá, urbanización donde Los Del Sur tienen muchos miembros. Este grupo tenía una tira, banderas y llevaba mucho humo al estadio.
Se ubicaba en oriental y surgió durante la Supercopa en la que Nacional llegó a Semifinales e influyeron realmente en la creación de Los Del Sur, pero por falta de comunicación, el día que se fundo oficialmente la barra Los Del Sur (20 de noviembre de 1997) muchos se fueron para la tribuna oriental y es por eso que solo hubo 12 fundadores que se hicieron en Sur con 2 tiras, varias banderas, papel, rollos, humo y bengalas.
Aunque realmente la barra la comenzaron unas 30 personas, tras un año de su fundación creció hasta los 1500 miembros.
Este que era el sueño de diez personas que anhelaban crear la barra mas grande y popular del pais y que a su vez fuera la mas representativa del Club Atletico Nacional, que lo acompañara a lo largo del territorio colombiano.
La filosofia clara y unos ideales definidos permitieron que Los Del Sur creciera de manera vertiginosa.
Ya en Bogotá algunos miembros del Escandalo Verde se unieron y formaron lo que hoy es Los Del Sur Bogota. Empezó a revivirse ese fenomeno de acompañamiento masivo al equipo a lo largo del territorio colombiano. Esto no pasó inadvertido y la prensa, que junto a algunos conflictos sostenidos con la barra contraria en Medellin, tildaron a Los Del Sur de barra brava.
A mediados del año 1999 es donde la barra muestra su evolucion y pasa la barrera de los 5000 miembros. Bogotá no se quedaba atrás y ya empezaba a ampliar su tamaño y organización. Al terminar el año, Nacional tras vencer al rival de patio, clasifica a la final contra un equipo de Cali, siendo esta la oportunidad de Los Del Sur para dar a conocer su desarrollo, y se vio por primera vez la tribuna Sur del Atanasio Girardot a reventar con unas 12.000 personas.
El aliento durante los 90 minutos fue abrumador, pero mas abrumador era que esa nueva barra se habia apoderado del fervor de todo el estadio que empezaba timidamente a acoplar sus canticos. El balance no pudo ser mejor al finalizar el año: El Rey de Copas Colombiano se alzaba con otro título más y Los Del Sur veían nacer nuevas filiales en Cali, Manizales, Villavicencio y Bucaramanga.
Filosofia
Nuestra filosofía se basa en la concepción de que Los Del Sur mas que ser una barra, es una gran familia, integrada por personas de diferentes estratos sociales, diferencias religiosas, concepciones políticas, de edad, sexo, raza etc; unida por ese amor que se le tiene al Atlético Nacional y que se demuestra sanamente, al acompañarlo en todo momento, en todo lugar y brindarle un aliento incondicional en señal de agradecimiento a sus grandiosas gestas.Hacerlo sentir local en lugares lejanos y adversos, brindar alegría y aportar un grano en esta que es considerada por nosotros como la fiesta futbolera de colombia. Para ello es de nosotros copar la populares de los estadios donde Nacional vaya a jugar, inundar las tribunas del verde, color de nuestra casaca y nuestro corazón, lanzar miles de rollos, banderas, tiras, trapos, globos, humo, sombrillas, béngalas y todas esas cosas que aportan alegría a la hinchada verdolaga junto con lo mas importante: brindar aguante desde la tribuna durante los noventa minutos.
Es esto lo que nos diferencia de los demás, no creemos en la violencia en la manera de lograr nuestros objetivos pues no nos consideramos ni somos barra bravas. La violencia es pues el más primario de nuestros recursos de defensa de nuestro colores, nuestros ideales, nuestros símbolos y nuestra integridad.Es pues nuestro deber como buenos sureños respetar esta concepción simple y que resume nuestro estilo de vida
Barras Verdolagas

Ser hincha de Nacional tiene características definidas que solamente el ser verdolaga entiende, comprende, identifica y acepta sin discusiones. Llevar adentro al cuadro nacionalista, para muchos, va más allá del resto de las cosas. Perfil.
Hay varias palabras para definir a aquellas personas que se acercan a un estadio de fútbol a acompañar a sus equipos. Está el simpatizante, el hincha, el aficionado y el fanático. El simpatizante es aquél que de vez en cuando asiste al estadio, pregunta por el equipo los domingos pero no se contenta ni demasiado con el triunfo, ni se pone tan triste con la derrota. Simplemente está interesado en el equipo por tener la información a la mano para tener tema para hablar en su círculo íntimo. El fanático es aquél que no acepta otras posturas sin aceptar que pueden existir otros equipos mejores, ni aunque la razón a leguas, esté de parte de su interlocutor.
El aficionado o el hincha es aquél del verdadero perfil verdolaga. Está siempre con el equipo, en las buenas y en las malas, acompaña al 95 por ciento de los partidos del año y solamente una enfermedad o las vacaciones por fuera de la ciudad, le impiden asistir al estadio una vez al año, tiene recuerdos en el estadio desde que estaba recién desempacado de la cuna, acompañó en varias ocasiones por tierra o aire a su equipo en otras ciudades colombianas y tiene en su corazón tanto la alegría de los triunfos, como las cicatrices de las derrotas. Pero tiene algo en común que lo identifica y a nuestro modo de ver, además, lo califica: es capaz de sentirse perdedor y aplaudir al rival de turno cuando éste demuestra que en la cancha fue superior. Y ese es un gesto de nobleza y de comprensión del juego, que es difícil de notar en las demás aficiones de los otros equipos. Un ejemplo contundente: Ciciliano fue aplaudido en el partido contra Millonarios cuando seguramente en Bogotá nunca van a aplaudir a un jugador vestido de verde y blanco.
El hincha verdolaga es el que piensa que Nacional está primero que el resto, pero acepta ser segundo. Es el que se enfurece cuando ve a su equipo inmiscuido con los de mitad de tabla para abajo porque su grandeza le impide igualarse con equipos chicos. Es aquél que disfruta día a día de las noticias verdolagas. Es el que tiene conocimiento del fútbol internacional y conoce a la perfección el juego. El que tiene paladar de fútbol fino, bien jugado y elaborado y se siente ofendido con los balones de punta y para arriba. Es el que cambia la mejor fiesta del mundo por el mejor programa dominical: ir a ver a Nacional. Es el que se siente orgulloso del promedio de asistencia que genera el equipo. Es el que viste con orgullo la camiseta verdolaga, sin importar si es domingo o lunes. Si hay torneo o vacaciones. Es el que, en definitiva, le entrega grandeza al equipo a partir de su conocimiento, su aliento y su amor por el club, sus vitrinas y sus colores.
Y lo mejor de todo es que sin saberlo, entre todos, afirman una identidad que desconocen. Se ponen de acuerdo en la tribuna sin que haya coordinador general, para saber a quién aplauden, a quien chiflan y a quien le conceden el silencio. Todos saben en qué momento hacer lo que hay que hacer, sin que nadie les diga nada. Y esa catarata de emociones es compartida. Por eso al mejor estilo mosquetero, se armoniza la convivencia en el estadio de parte de la familia verdolaga: todos para uno, y uno para todos.
SIEMPRE PRESENTES - LOS DEL SUR 10 AÑOS
La barra Los Del Sur, fundada en 1997, cumplió en noviembre de 2007 10 años de alentar al equipo que ellos se encargaron de volver en el más popular del país. Siempre en la tribuna Sur, pero además en todos los estadios del país y hasta del continente, miles de seguidores verdolagas se introducen en el fabuloso mundo del apoyo incondicional a la camiseta verdiblanca. Enronqueciéndose hasta la agonía y cantando como poseídos, ven en los 11 hombres su bandera y en su voz el escudo con los cuales íntimamente sienten el orgullo de observar al Rey de Copas alcanzar metas envidiables por cualquier otro conjunto colombiano.
Ejemplo de las demás barras del país, Los Del Sur no solo cantan hasta el cansancio en los estadios del país sino que además tienen un nivel organizacional envidiable por cualquier otra barra colombiana y se convirtieron en pioneros de proyectos como “Con La Pelota En La Cabeza” con los cuales muestran que aparte de apoyar, tiene metas diferentes para la construcción de sociedad.
BARRA EN ESTADOS UNIDOS
Atlético Nacional es tan popular, y sus símbolos han llegado tan lejos, que hasta en Boston existe, y de forma organizada, una barra llamada Sindicato Verde, que acompañó a Nacional en los recientes cotejos en la gira de pretemporada que realiza la plantilla de jugadores verdolagas por Norteamérica.
El pasado domingo fue de gran emotividad para ellos con la visita de la divisa verde a Connecticut para el clásico ante Medellín en territorio estadounidense y allí, las directivas de la barra Sindicato Verde aprovecharon el momento para otorgar un diploma de reconocimiento al presidente Víctor Marulanda, por el título conseguido en el primer semestre de 2007.
Con un letrero que dice: "El SINDICATO VERDE, la primera barra internacional del Club, felicita al Atlético Nacional por la conquista de la novena estrella. Los SINDICALISTAS le rendimos gratitud por despertarnos las más intensas pasiones. Tras las fronteras...eres nuestra fantasía más real". SINDICATO VERDE. Boston, Massachussets. 8 de julio de 2007.
Cabe resaltar que todo comenzó un par de años atrás, cuando los hinchas de Atlético Nacional en Boston, Estados Unidos, se comunicaban con RADIO ATLANTICA 1600 y entregaban sus opiniones al periodista Amado Hernández, corresponsal de la emisora en Medellín. Cuenta Amado, que de 100 oyentes, 90 eran hinchas de Nacional y que cierta vez, en uno de sus informes, que se emiten en directo los sábados, recibió decenas de llamadas, todas eran seguidores nacionalistas y surgió la idea de la barra.
Si tenía alguna duda con respecto a que apoya al equipo más popular de Colombia, le presentamos este botón de popularidad: Barra propia en estados Unidos. Sigue creciendo esta pasión futbolera nacida hace sesenta años. Y fortalecida con la gloria que desde la cancha nos han dado nuestros ídolos. Por eso, todas estas muestras de fervor.
ORIENTE VERDE
Llevamos 25 años en oriental en el mismo punto ademas muy bien ubicados en toda la mitad de oriental alta con la posibilidad de tener una pancarta muy vistosa como se puede apreciar en casi todas las fotos que toman de los equipos, y en las transmisiones, en el momento de los cambios, tomas generales etc.
Hay varias palabras para definir a aquellas personas que se acercan a un estadio de fútbol a acompañar a sus equipos. Está el simpatizante, el hincha, el aficionado y el fanático. El simpatizante es aquél que de vez en cuando asiste al estadio, pregunta por el equipo los domingos pero no se contenta ni demasiado con el triunfo, ni se pone tan triste con la derrota. Simplemente está interesado en el equipo por tener la información a la mano para tener tema para hablar en su círculo íntimo. El fanático es aquél que no acepta otras posturas sin aceptar que pueden existir otros equipos mejores, ni aunque la razón a leguas, esté de parte de su interlocutor.
El aficionado o el hincha es aquél del verdadero perfil verdolaga. Está siempre con el equipo, en las buenas y en las malas, acompaña al 95 por ciento de los partidos del año y solamente una enfermedad o las vacaciones por fuera de la ciudad, le impiden asistir al estadio una vez al año, tiene recuerdos en el estadio desde que estaba recién desempacado de la cuna, acompañó en varias ocasiones por tierra o aire a su equipo en otras ciudades colombianas y tiene en su corazón tanto la alegría de los triunfos, como las cicatrices de las derrotas. Pero tiene algo en común que lo identifica y a nuestro modo de ver, además, lo califica: es capaz de sentirse perdedor y aplaudir al rival de turno cuando éste demuestra que en la cancha fue superior. Y ese es un gesto de nobleza y de comprensión del juego, que es difícil de notar en las demás aficiones de los otros equipos. Un ejemplo contundente: Ciciliano fue aplaudido en el partido contra Millonarios cuando seguramente en Bogotá nunca van a aplaudir a un jugador vestido de verde y blanco.
El hincha verdolaga es el que piensa que Nacional está primero que el resto, pero acepta ser segundo. Es el que se enfurece cuando ve a su equipo inmiscuido con los de mitad de tabla para abajo porque su grandeza le impide igualarse con equipos chicos. Es aquél que disfruta día a día de las noticias verdolagas. Es el que tiene conocimiento del fútbol internacional y conoce a la perfección el juego. El que tiene paladar de fútbol fino, bien jugado y elaborado y se siente ofendido con los balones de punta y para arriba. Es el que cambia la mejor fiesta del mundo por el mejor programa dominical: ir a ver a Nacional. Es el que se siente orgulloso del promedio de asistencia que genera el equipo. Es el que viste con orgullo la camiseta verdolaga, sin importar si es domingo o lunes. Si hay torneo o vacaciones. Es el que, en definitiva, le entrega grandeza al equipo a partir de su conocimiento, su aliento y su amor por el club, sus vitrinas y sus colores.
Y lo mejor de todo es que sin saberlo, entre todos, afirman una identidad que desconocen. Se ponen de acuerdo en la tribuna sin que haya coordinador general, para saber a quién aplauden, a quien chiflan y a quien le conceden el silencio. Todos saben en qué momento hacer lo que hay que hacer, sin que nadie les diga nada. Y esa catarata de emociones es compartida. Por eso al mejor estilo mosquetero, se armoniza la convivencia en el estadio de parte de la familia verdolaga: todos para uno, y uno para todos.
SIEMPRE PRESENTES - LOS DEL SUR 10 AÑOS
La barra Los Del Sur, fundada en 1997, cumplió en noviembre de 2007 10 años de alentar al equipo que ellos se encargaron de volver en el más popular del país. Siempre en la tribuna Sur, pero además en todos los estadios del país y hasta del continente, miles de seguidores verdolagas se introducen en el fabuloso mundo del apoyo incondicional a la camiseta verdiblanca. Enronqueciéndose hasta la agonía y cantando como poseídos, ven en los 11 hombres su bandera y en su voz el escudo con los cuales íntimamente sienten el orgullo de observar al Rey de Copas alcanzar metas envidiables por cualquier otro conjunto colombiano.
Ejemplo de las demás barras del país, Los Del Sur no solo cantan hasta el cansancio en los estadios del país sino que además tienen un nivel organizacional envidiable por cualquier otra barra colombiana y se convirtieron en pioneros de proyectos como “Con La Pelota En La Cabeza” con los cuales muestran que aparte de apoyar, tiene metas diferentes para la construcción de sociedad.
BARRA EN ESTADOS UNIDOS
Atlético Nacional es tan popular, y sus símbolos han llegado tan lejos, que hasta en Boston existe, y de forma organizada, una barra llamada Sindicato Verde, que acompañó a Nacional en los recientes cotejos en la gira de pretemporada que realiza la plantilla de jugadores verdolagas por Norteamérica.
El pasado domingo fue de gran emotividad para ellos con la visita de la divisa verde a Connecticut para el clásico ante Medellín en territorio estadounidense y allí, las directivas de la barra Sindicato Verde aprovecharon el momento para otorgar un diploma de reconocimiento al presidente Víctor Marulanda, por el título conseguido en el primer semestre de 2007.
Con un letrero que dice: "El SINDICATO VERDE, la primera barra internacional del Club, felicita al Atlético Nacional por la conquista de la novena estrella. Los SINDICALISTAS le rendimos gratitud por despertarnos las más intensas pasiones. Tras las fronteras...eres nuestra fantasía más real". SINDICATO VERDE. Boston, Massachussets. 8 de julio de 2007.
Cabe resaltar que todo comenzó un par de años atrás, cuando los hinchas de Atlético Nacional en Boston, Estados Unidos, se comunicaban con RADIO ATLANTICA 1600 y entregaban sus opiniones al periodista Amado Hernández, corresponsal de la emisora en Medellín. Cuenta Amado, que de 100 oyentes, 90 eran hinchas de Nacional y que cierta vez, en uno de sus informes, que se emiten en directo los sábados, recibió decenas de llamadas, todas eran seguidores nacionalistas y surgió la idea de la barra.
Si tenía alguna duda con respecto a que apoya al equipo más popular de Colombia, le presentamos este botón de popularidad: Barra propia en estados Unidos. Sigue creciendo esta pasión futbolera nacida hace sesenta años. Y fortalecida con la gloria que desde la cancha nos han dado nuestros ídolos. Por eso, todas estas muestras de fervor.
ORIENTE VERDE
Llevamos 25 años en oriental en el mismo punto ademas muy bien ubicados en toda la mitad de oriental alta con la posibilidad de tener una pancarta muy vistosa como se puede apreciar en casi todas las fotos que toman de los equipos, y en las transmisiones, en el momento de los cambios, tomas generales etc.
Tecnicos Que Hicieron Historia

FERNANDO PATERNÓSTER
De la mano del argentino Nacional consiguió su primer título colombiano gracias a que vivía pendiente del club las 24 horas del día. En tiempos en que los técnicos simplemente nombraban a los jugadores que saltaban al terreno de juego, Paternóster se las ingeniaba también y además, para motivar a sus discípulos hasta actuaciones épicas. Sostuvo al campeón 18 fechas invicto en el torneo de ese año, perdiendo solamente contra Boca Juniors de Cali y de su sapiencia partió la base del campeonato. Era la primera luminaria que comenzaba a iluminar el firmamento más grande del fútbol colombiano, gracias a el argentino.
JOSÉ CURTI
Llegó en un momento caótico para el cuadro verdolaga, cuando pasaban y pasaban los años (19 en total) sin que Nacional volviera a festejar un título. Se fue para la Argentina, vio jugadores y decidió traer nada más y nada menos que a Raúl Navarro, Jorge Hugo la Chancha Fernández, Oscar Cálics y César Bóveda. Ganó el Apertura del 71, peleó la final hasta el final, fue protagonista del campeonato del 72 y se marchó en 1973 dejando todo servido para que Nacional comenzara a celebrar su segundo título.
CÉSAR LÓPEZ FRETES
Agarró el trabajo de Curti, los movimientos tácticos y el trabajo que había dejado el anterior entrenador, y a eso le sumó disciplina y resistencia atlética para terminar siendo el campeón de 1973. Nacional despachaba el hechizo de 19 años sin dar vueltas olímpicas, se convertía en un emblema del fútbol colombiano y forjaba una historia de tantas pasiones a la vista.
OSWALDO JUAN ZUBELDÍA
El Maestro. El guía. El mentor. El consejero. El tutor. El asesor. El supervisor. El ordenador. El profesor. El director. El adalid. El norte. El argentino llegó a Nacional a enseñarle al fútbol colombiano nuevos rumbos y nuevos objetivos. Y no solo eso, sino también a ganar. En cuestión de cinco meses sacó a Nacional campeón en 1976 y luego en 1981. Único técnico verdolaga con dos títulos en la historia patria. A donde ponía el ojo, ponía la meta. Se trataba de un técnico que enseñó comportamiento dentro y fuera de la cancha. Que pulió talentos vírgenes. Que miraba las hojas de vida que diariamente pernoctaban en el club, anónimas como las que más, y forjaba de a poco la economía del equipo a punta de sacar y sacar jugadores juveniles para la Primera División como Herrea, Sarmiento, Peluffo, Barrabás, Ricaurte, Luna, Maya, Porras, Bolillo, y tantos más. Se sus conocimientos se nutrieron grandes personajes de la vida futbolera del país y, aunque se marchó más temprano de lo que hubiéramos deseado, le agradecemos eternamente su filosofía y su identidad. Un grande que puso su granito de arena para que Nacional fuera como él: un fenómeno.
LUIS CUBILLA
No fue campeón, pero el uruguayo tuvo un equipo de ensueño con Carrabs, Brown, Suárez, Luna, Maya, Sarmiento, Santín Cueto, Herrera, Sapuca y La Rosa, además de Córdoba, Ricaurte, Barrabás, Calle... En 1983 ganó el Finalización y hasta último momento estuvo disputando el título pero una igualdad en Barranquilla en el viejo Romelio Martínez le quitó hasta la posibilidad de ir a Libertadores. Otro que dejó enseñanzas para que Nacional fuera posteriormente, y en su cara, campeón de América.
FRANCISCO MATURANA
El hombre que de la nada llevó a Nacional a la gloria más grande. De pasar de pelear rentados domésticos y perderlos durante 8 largos y fastidiosos años en que ganaban solamente dos equipos, a la vitrina continental y mundial, gracias a un juego lírico y armonioso que aplaudió el mundo. Para siempre Maturana quedará grabado en el recuerdo verdolaga por haber sido el gestor de la vuelta olímpica en la Copa Libertadores de América en 1989. Pacho fue, es y será una bandera, un latido, un icono, un símbolo, una insignia, un distintivo, un emblema, un atributo, un estandarte, un pabellón, un sello. Dejó su marca registrada y todo el pueblo verde la tiene tatuada en el corazón.
HERNÁN DARÍO GÓMEZ
El hombre que debería ser técnico verdolaga por los siglos de los siglos. Por su forma de ser, por su forma de hablar, por su forma de ganar, por su forma de regañar. No tiene defectos Bolillo. Es perfecto para el sentimiento verdolaga. Campeón de la Interamericana de 1990, campeón de Colombia en 1991, sucampeón de Colombia en 1990 y 1992, semifinalista de la Supercopa en 1993. Mucha grandeza para tan poco tiempo. Bolillo, las puertas de la casa están abiertas para cuando quiera volver. Por si no se acuerda, cuando usted se fue, el pueblo verdolaga le entregó las llaves del regreso.
JUAN JOSÉ PELÁEZ
De la mano de Pacho y Bolillo, el jericoano se hizo grande en Nacional hasta sacarlo campeón en 1994 de Colombia, subcampeón de América en 1995 de la Libertadores y campeón de la Interamericana en 1997, en su primera fase en Nacional. Regresó en 2003 cuando Nacional buceaba en las profundidades de la tabla colombiana para llevarlo a las dos finales que se perdieron en 2004 y dejarle el camino servido a Santiago Escobar para el título de 2005.
LUIS FERNANDO SUÁREZ
Tomó el trabajo dejado por Reinaldo Carlos Mostaza Merlo y en cuatro meses hizo "la Gran Zubeldía": Nacional campeón. De las entrañas verdolagas, verde hasta sus poros, es uno de los cuatro técnicos (los otros tres son Pacho, Bolillo y Sachi) que jugó para el club y luego dirigió con un solo destino: vuelta olímpica.
SANTIAGO ESCOBAR
Sacó a Nacional campeón en 2005 con un fútbol vistoso y alegre. Hermano de la gran leyenda de nuestro fútbol como lo fue Andrés Escobar. A Sachi siempre se le agradecerá su entrega por y para el equipo. Y además, su forma de ser. Un hombre cristalino a carta cabal. Por eso sigue triunfando en donde trabaje. Otro que algún día, debe regresar.
OSCAR HÉCTOR QUINTABANI
Campeón con Nacional en 2007, actual técnico del verde, tiene por delante la historia a sus pies. Profesional y metódico, ordenado y equilibrado, sagaz y repentino, tiene la virtud de la oportuna lectura de los partidos para realizar los cambios perfectos. El colombo-argentino siempre triunfó en los equipos que dirigió en Colombia y hoy en Nacional aspira a grandes cosas basado en la confianza que le deposita su amplia trayectoria. El colombo-argentino sabe perfectamente que la táctica (acertada utilización del espacio y los tiempos) es muy importante, pero también entiende que lo más antiguo que tiene el fútbol es la pelota y que sigue siendo lo más relevante. Armó un equipo que siempre intentó priorizar el buen trato de pelota, el juego fluido y armónico en donde imperó el orden, pero sin olvidar la lúdica, y la maniobra elaborada con inteligencia y buen gusto, como métodos idóneos para jugar mejor y ganar seguido.
De la mano del argentino Nacional consiguió su primer título colombiano gracias a que vivía pendiente del club las 24 horas del día. En tiempos en que los técnicos simplemente nombraban a los jugadores que saltaban al terreno de juego, Paternóster se las ingeniaba también y además, para motivar a sus discípulos hasta actuaciones épicas. Sostuvo al campeón 18 fechas invicto en el torneo de ese año, perdiendo solamente contra Boca Juniors de Cali y de su sapiencia partió la base del campeonato. Era la primera luminaria que comenzaba a iluminar el firmamento más grande del fútbol colombiano, gracias a el argentino.
JOSÉ CURTI
Llegó en un momento caótico para el cuadro verdolaga, cuando pasaban y pasaban los años (19 en total) sin que Nacional volviera a festejar un título. Se fue para la Argentina, vio jugadores y decidió traer nada más y nada menos que a Raúl Navarro, Jorge Hugo la Chancha Fernández, Oscar Cálics y César Bóveda. Ganó el Apertura del 71, peleó la final hasta el final, fue protagonista del campeonato del 72 y se marchó en 1973 dejando todo servido para que Nacional comenzara a celebrar su segundo título.
CÉSAR LÓPEZ FRETES
Agarró el trabajo de Curti, los movimientos tácticos y el trabajo que había dejado el anterior entrenador, y a eso le sumó disciplina y resistencia atlética para terminar siendo el campeón de 1973. Nacional despachaba el hechizo de 19 años sin dar vueltas olímpicas, se convertía en un emblema del fútbol colombiano y forjaba una historia de tantas pasiones a la vista.
OSWALDO JUAN ZUBELDÍA
El Maestro. El guía. El mentor. El consejero. El tutor. El asesor. El supervisor. El ordenador. El profesor. El director. El adalid. El norte. El argentino llegó a Nacional a enseñarle al fútbol colombiano nuevos rumbos y nuevos objetivos. Y no solo eso, sino también a ganar. En cuestión de cinco meses sacó a Nacional campeón en 1976 y luego en 1981. Único técnico verdolaga con dos títulos en la historia patria. A donde ponía el ojo, ponía la meta. Se trataba de un técnico que enseñó comportamiento dentro y fuera de la cancha. Que pulió talentos vírgenes. Que miraba las hojas de vida que diariamente pernoctaban en el club, anónimas como las que más, y forjaba de a poco la economía del equipo a punta de sacar y sacar jugadores juveniles para la Primera División como Herrea, Sarmiento, Peluffo, Barrabás, Ricaurte, Luna, Maya, Porras, Bolillo, y tantos más. Se sus conocimientos se nutrieron grandes personajes de la vida futbolera del país y, aunque se marchó más temprano de lo que hubiéramos deseado, le agradecemos eternamente su filosofía y su identidad. Un grande que puso su granito de arena para que Nacional fuera como él: un fenómeno.
LUIS CUBILLA
No fue campeón, pero el uruguayo tuvo un equipo de ensueño con Carrabs, Brown, Suárez, Luna, Maya, Sarmiento, Santín Cueto, Herrera, Sapuca y La Rosa, además de Córdoba, Ricaurte, Barrabás, Calle... En 1983 ganó el Finalización y hasta último momento estuvo disputando el título pero una igualdad en Barranquilla en el viejo Romelio Martínez le quitó hasta la posibilidad de ir a Libertadores. Otro que dejó enseñanzas para que Nacional fuera posteriormente, y en su cara, campeón de América.
FRANCISCO MATURANA
El hombre que de la nada llevó a Nacional a la gloria más grande. De pasar de pelear rentados domésticos y perderlos durante 8 largos y fastidiosos años en que ganaban solamente dos equipos, a la vitrina continental y mundial, gracias a un juego lírico y armonioso que aplaudió el mundo. Para siempre Maturana quedará grabado en el recuerdo verdolaga por haber sido el gestor de la vuelta olímpica en la Copa Libertadores de América en 1989. Pacho fue, es y será una bandera, un latido, un icono, un símbolo, una insignia, un distintivo, un emblema, un atributo, un estandarte, un pabellón, un sello. Dejó su marca registrada y todo el pueblo verde la tiene tatuada en el corazón.
HERNÁN DARÍO GÓMEZ
El hombre que debería ser técnico verdolaga por los siglos de los siglos. Por su forma de ser, por su forma de hablar, por su forma de ganar, por su forma de regañar. No tiene defectos Bolillo. Es perfecto para el sentimiento verdolaga. Campeón de la Interamericana de 1990, campeón de Colombia en 1991, sucampeón de Colombia en 1990 y 1992, semifinalista de la Supercopa en 1993. Mucha grandeza para tan poco tiempo. Bolillo, las puertas de la casa están abiertas para cuando quiera volver. Por si no se acuerda, cuando usted se fue, el pueblo verdolaga le entregó las llaves del regreso.
JUAN JOSÉ PELÁEZ
De la mano de Pacho y Bolillo, el jericoano se hizo grande en Nacional hasta sacarlo campeón en 1994 de Colombia, subcampeón de América en 1995 de la Libertadores y campeón de la Interamericana en 1997, en su primera fase en Nacional. Regresó en 2003 cuando Nacional buceaba en las profundidades de la tabla colombiana para llevarlo a las dos finales que se perdieron en 2004 y dejarle el camino servido a Santiago Escobar para el título de 2005.
LUIS FERNANDO SUÁREZ
Tomó el trabajo dejado por Reinaldo Carlos Mostaza Merlo y en cuatro meses hizo "la Gran Zubeldía": Nacional campeón. De las entrañas verdolagas, verde hasta sus poros, es uno de los cuatro técnicos (los otros tres son Pacho, Bolillo y Sachi) que jugó para el club y luego dirigió con un solo destino: vuelta olímpica.
SANTIAGO ESCOBAR
Sacó a Nacional campeón en 2005 con un fútbol vistoso y alegre. Hermano de la gran leyenda de nuestro fútbol como lo fue Andrés Escobar. A Sachi siempre se le agradecerá su entrega por y para el equipo. Y además, su forma de ser. Un hombre cristalino a carta cabal. Por eso sigue triunfando en donde trabaje. Otro que algún día, debe regresar.
OSCAR HÉCTOR QUINTABANI
Campeón con Nacional en 2007, actual técnico del verde, tiene por delante la historia a sus pies. Profesional y metódico, ordenado y equilibrado, sagaz y repentino, tiene la virtud de la oportuna lectura de los partidos para realizar los cambios perfectos. El colombo-argentino siempre triunfó en los equipos que dirigió en Colombia y hoy en Nacional aspira a grandes cosas basado en la confianza que le deposita su amplia trayectoria. El colombo-argentino sabe perfectamente que la táctica (acertada utilización del espacio y los tiempos) es muy importante, pero también entiende que lo más antiguo que tiene el fútbol es la pelota y que sigue siendo lo más relevante. Armó un equipo que siempre intentó priorizar el buen trato de pelota, el juego fluido y armónico en donde imperó el orden, pero sin olvidar la lúdica, y la maniobra elaborada con inteligencia y buen gusto, como métodos idóneos para jugar mejor y ganar seguido.
Idolos Verdes!!

Gabriel Mejía
Gigante del arco verdolaga de los años 40 y 50, héroe del primer título verde de la historia y animador constante del fútbol colombiano puesto que integró en repetidas ocasiones las diferentes selecciones Colombia que asistían a las diferentes copas América de la época. Hizo parte de la primera convocatoria de Fedefútbol a jugadores de Nacional en 1950 y fue emblema del Municipal y posteriormente de Nacional. El primer gran guardián del arco verdolaga, artífice del título de 1954.
Raúl Navarro
El argentino llegó en una época (1971) en la que Nacional completaba 17 años sin dar vueltas olímpicas y de su seguridad, conocimiento y armonía, además de la plasticidad de sus movimientos y su confianza hacia sus compañeros, partieron los grandes años de Atlético Nacional. El Gato vestía de negro y mostraba una pinta de actor de Hollywood con la que nadie lo ubicaba debajo de los tres palos pero en definitiva en esas cinco con cincuenta se encargó de demostrar por qué Hernán Botero había confiado en él para custodiar los tres palos verdolagas. Único portero de la historia de Nacional en dar dos vueltas olímpicas por torneo colombiano en 1973 y 1976.
Lorenzo Carrabs
El uruguayo llegó procedente del Junior de Barranquilla y en un comienzo le tocó compartir la titular con el nacionalizado Luis Jerónimo López (uno actuaba de visitante y el otro de local) y poco a poco gracias a su categoría en el juego aéreo y a sus atajadas espectaculares se fue adueñando del puesto hasta hacerse titular indiscutible de los equipos de Zubeldía. Campeón en 1981 con Nacional, el charrúa permanece inmortal en la memoria colectiva del pueblo verdolaga.
René Higuita
Casi el Zeus del Olimpo verdolaga, todo nuevo ídolo que haga su ingreso al firmamento nacionalista debe sentarse a su diestra por haber sido el emblema y el símbolo del máximo logro del balompié de Atlético Nacional en su historia: La Copa Libertadores de América en 1989. Culpable de convertir a Nacional en el equipo más popular del fútbol colombiano, El Loco tendrá un lugar asegurado para siempre en el corazón de los verdolagas por haber tenido la osadía de ser original en un espacio tan pequeño como son los tres palos. Su recuerdo nutre la nostalgia y el hincha verde siempre hubiera querido que su arco, fuera defendido de forma perenne por el estelar portero que deleitó a todo el mundo a través de una originalidad suprema y una autenticidad que lo hizo ser amado en todos los rincones del planeta. Superhéroe disfrazado de verde.
Miguel Calero
Llegó al equipo a suplir la ausencia de arqueros de envergadura y a mantener la historia de que Nacional siempre había tenido arqueros de verdad y cumplió el objetivo siendo campeón de la Merconorte 98 y del torneo colombiano 99. Arquero gana-partidos que en las definiciones a penales de la época le entregaba a Nacional un punto de más gracias a sus reflejos felinos, a su intuición y a que es uno de los mejores arqueros de la historia del fútbol colombiano. Llegado del Deportivo Cali en una cifra astrónomica para la época, e inclusive para nuestros días, cumplió el papel y dejó una huella que hoy los hinchas reconocen.
David Ospina
Último arquero en llegar al firmamento verdolaga gracias a su descomunal actuación el día del título número nueve de los verdes en Colombia, cuando se disfrazó de héroe de la mitología nacionalista y sacó dos balones que llevaban sello de gol. Impidió la amargura de la tribuna, mostró clase y categoría en momentos sublimes y se disparó hacia el olimpo verdolaga con la juventud de él y la grandeza de la historia. El arquero más joven de la historia de nuestro fútbol con apenas 18 años pertenece al corazón verdolaga, es ídolo de multitudes y será próximamente candidato a selección y al fútbol internacional. Un grande nacido en la entraña verdolaga.
LATERALES
Ignacio Calle
Jugador de otros tiempos con características propias del futbolista de hoy. Seguro en marca y con capacidad de desdoblarse al ataque. Campeón con el equipo de Fernando Paternóster en 1954 e integrante de varias selecciones Colombia, Ignacio Calle fue uno de los primeros laterales de nuestra tierra antioqueña que nutrió al fútbol colombiano con su picardía y sus centros de gol.
Gerardo Moncada
El Alemán mostró su jerarquía en los títulos de 1973 y 1976 cuando borró de su costado a cuanto puntero se apareciera gracias a un pundonor deportivo y a una entrega propias del jugador teutón que se pone la camiseta de su país y se muere sobre ella. Gracias en parte a su presencia, conformó varias líneas defensivas invulnerables en el equipo verdolaga y su talento natural le colaboró para entrar en el salón de la fama del mejor equipo de Colombia.
Gilberto Salgado
El Comanche tenía un sacrificio y una garra que le entregaban la personalidad con la cual batalló en todas las canchas del país. Aplicado, dedicado y consagrado a su trabajo, basó en el esfuerzo toda su actitud y terminó por ser campeón del coraje en un equipo campeón del fútbol colombiano. Digno de emular por todas las generaciones venideras por su entrega y lucha.
Luis Fernando Herrera
El mejor lateral de todos los tiempos del fútbol colombiano se hizo grande en Atlético Nacional jugó dos mundiales y nunca desentonó con el balón en los pies. Parecía el armador del equipo, sin él, los volantes carecían de llegada, abría la cancha hasta la última línea, parecía un puntero más y tiraba centros de Hollywood para goles de película. Su capacidad a pesar de la altura, lo llevó a conocer a la perfección el puesto y dejar enseñanzas para la posteridad. Manejaba ambas piernas con suficiencia, si no tiraba el centro desde la última raya enganchaba y lo lanzaba con la misma efectividad con la izquierda y hacía diagonales propias de un delantero de buenas características. Tal vez le ayudaba el compás de sus piernas para engañar a sus rivales pero con lo que nunca engañó el Chonto, fue con su sudor y su entrega. Un señor de las canchas, quizás el mejor lateral de la historia del fútbol colombiano.
Diego Osorio
Magia, ilusionismo, espectáculo y show en solo dos piernas. Pudo tranquilamente David Copperfield inspirarse en él para armar el mundo de su éxito. Con el balón en los pies, por izquierda o por derecha, era un genio que escondía conejos, sacaba palomas, aparecía cartas e hipnotizaba rivales merced a una cualidad nunca vista en el balompié patrio: el túnel. Su endemoniada gambeta le permitió arrimarse tantas veces al gol como pocos laterales de nuestro fútbol. Lastimosamente su rodilla nos jugó a todos los amantes del fútbol una mala pasada y le tocó retirarse antes de tiempo. Dejó su huella y eso se le agradece.
José Fernando Santa
Otro lateral por ambos costados que tenían un pique demoledor. Cumplidor de las funciones defensivas, y además pasaba al ataque para sumar juego, no para incrementar la gente. Campeón de 1994, y mundialista de 1998, el pereirano se ganó un lugar en el escalón de los ídolos verdolagas, además, por su fino fútbol, sus participaciones internacionales y porque siempre prestigió el balompié nacionalista por su pulcro manejo de la pelota.
Camilo Zúñiga
Recién aparecido en el olimpo verdolaga, Zúñiga se trata de un jugador que tiene perfil derecho y que juega como lateral, marcador o carrilero por esa banda. Dentro de sus principales habilidades se pueden mencionar su gambeta larga y certera que le impide a cualquier defensa frenarlo sin falta. Apoya el ataque con técnica y decisión y defiende con cautela. Su disparo de media y larga distancia le ha permitido marcar varios goles y es vital para abrir la cancha cuando los equipos contrarios se paran muy cortos en el terreno de juego. Por su clase es un jugador de potrero que desnivela en cualquier momento del partido, se asocia de la mejor forma con el resto de compañeros, hace diagonales o llega a la raya final a tirar el centro y tiene muchas facilidades de desequilibrio en ataque. Tanta clase le ha permitido marcar en el fútbol colombiano varios goles en tan corto tiempo, y eso siendo un defensa. Con tan solo 21 años es bicampeón del fútbol patrio con Nacional y tiene destino internacional.
CENTRALES
Atilio Miotti
El primer extranjero del club de la historia llegó para colaborar en la construcción de la grandeza del club. Fuerte en el juego aéreo y dúctil con la pelota en los pies, realizaba buenos cierres y conducía al equipo desde atrás siendo líder y mostrando su bagaje. Su temperamento fue factor determinante en el primer título del club en 1954 y por eso será recordado como el caudillo de un equipo que comenzó semejante historia.
Teófilo Campaz
Nacional encontró en Campaz un defensa sólido en el juego aéreo, y fuerte por abajo que conducía bien la defensa y era seguro en la marca personal. Héroe de Belo Horizonte cuando Nacional triunfó por primera vez para Colombia en territorio brasileño en la Copa Libertadores de 1975 ante Cruzeiro, posterior campeón de esa edición copera y campeón en 1973 cuando el cuadro verdolaga suspendía los 19 años infames para el sentimiento verde sin ser campeones.
Andrés Escobar
Ídolo inmaculado de la afición verdolaga. Héroe perenne de los corazones verdes. Semidiós de la memoria colectiva de la afición nacionalista. Figura de la gran conquista de Nacional en su historia como fue la Libertadores de 1989, Andrés no solo colaboró con eso sino que fue parte del mejor equipo verdolaga de la historia cuando en compañía de sus amigos de Nacional y la Selección le demostraron al país, al continente y al mundo, que el meridiano del balompié también pasaba por Antioquia y Colombia. Su recuerdo nutre la nostalgia. Su calidad, su forma de ser, su don de gente, sus cambios de frente, sus cabezazos en ambas áreas, sus remates de fuera del área. Su seguridad y su forma de jugar adentro de la cancha y de comportarse fuera de ella, le entregaron un sitial de privilegio en el mundo nacionalista que siempre lo tendrá como el principal héroe mimado de la colección de estrellas que posee el club. Nació y murió verdolaga. Suficiente para amarlo hasta la eternidad.
Iván Ramiro Córdoba
De las entrañas del fútbol de Atlético Nacional salió de las Divisiones Menores proveniente de Rionegro y se acopló de tal forma a la titular del equipo que nunca más soltó el puesto en tres años que estuvo en el club antes de marcharse a San Lorenzo de Almagro de la Argentina. Preciso en los cierres, veloz para adelantarse a las jugadas del rival y poseedor de una gran saltabilidad, siempre se las ingenió para reducir las intenciones del rival en simples opciones de llegar al área rival. Su velocidad, su salto para el juego aéreo en ambas áreas y especialmente a que se fue siendo un grande, tan chico, le permitieron dejar una huella profunda en la afición verdolaga que anhela volverlo a ver vestido de verde y blanco.
José Luis Brown
Apodado El Tata, José Luis llegó a Nacional proveniente de Estudiantes de la Plata y no tardó en adaptarse a Medellín y al equipo. Durante más de un año mostró lo potente de su juego aéreo (es el único jugador de la historia del fútbol colombiano en anotar un gol en la final de un Mundial de Fútbol. Lo hizo en México 86 para Argentina). Nacido en Ranchos, Argentina, el 11 de noviembre de 1956, llegó al cuadro verdolaga en 1983 y conformó un equipo de ensueño con Cueto, Santín, Sapuca, La Rosa, Herrera y demás que estuvo cerca de ser campeón.
Aquivaldo Mosquera
Salido de la cantera del fútbol nacionalista, muchos le adivinaron su estampa de jugador diferente, aunque unos autogoles hayan desviado la atención de la gente. Demoledor en el juego aéreo en ambas áreas y capacitado para momentos cumbres y definitivos de los partidos, Aquivaldo atesora entre sus propiedades la exquisitez del central que hace la fácil en momentos difíciles y que tiene una confianza en sí mismo que lo llevó a cambiar pitos por aplausos de la tribuna, hecho que solamente son capaces de hacer los grandes de verdad. Campeón en 2005 con Nacional, Mosquera es otro de los emblemas del club que juega en el exterior.
Humberto Mendoza
Campeón verdolaga en 2005 y 2007, Humberto llegó procedente de Bucaramanga para hacerse grande en Nacional. Poco a poco mostró fuerza en el disparo, exactitud en el juego aéreo y rápidas coberturas que lo acreditaron como el mejor central de Nacional de los últimos tiempos. Tanto es así, que durante los últimos tiempos Nacional mostró un comportamiento defensivo sin Humberto Mendoza y otro completamente diferente cuando él se repuso de una lesión que lo marginó durante unos meses de las canchas. Otro central verdolaga, de tantos y tantos, que tendrá destino internacional.
Iván Hurtado
El ecuatoriano Iván Hurtado llegó a Atlético Nacional en enero de 2007 y se fue en enero de 2008 y dejó, aparte de su experiencia y carisma, dos títulos y el primer bicampeonato en la historia del club. El Bam Bam en el elenco nacionalista fue un defensor que hizo del criterio y la sobriedad su bandera, que se entendió a la perfección con Humberto Mendoza, que tuvo una técnica depurada y casi perfecta que le permitía dominra y gobernar cualquier balón, así pareciera ladrillo, y que hacía unos cambios de frente tan precisos que posibilitaban la salida por los costados del elenco de Quintabani. Aparte su velocidad impedía cualquier intento rival de acercarse a ras de piso y lo mejor es que se fue del club siendo ídolo, amigo y señor, de sus propios compañeros. En Colombia, Hurtado demostró que el futbolista extranjero debe marcar diferencias como él, que en determinados momentos, tuvo nivel de hollywood.
VOLANTES DE MARCA
Nicolás Gianastasio
En tiempos en los cuales se defendía con tres y se atacaba con seis, el argentino se batía como un león en el mediocampo para impedir la mayoría de ataques rivales. Fundamental en la campaña del primer título verdolaga, Gianastasio colaboró con entrega y garra, además de pases de gol, para enarbolar desde hace mucho tiempo la bandera del fútbol bien jugado que ha practicado la institución a través de todo este tiempo.
Tito Manuel Gómez
Procedente de la Argentina, Tito Gómez llegó en el mejor momento a Nacional porque a partir de su ingreso al club, el cuadro verdolaga se volvió a reportar en los primeros lugares del fútbol colombiano, canceló una cuenta pendiente de dos décadas sin títulos y se entregó al máximo para que Nacional se alzara con el título del 73 en Cali en el Pascual Guerrero ante el elenco azucarero.
Eduardo Julián Retat
El temperamento del colombiano no se alquilaba en prenderías ni se compraba en farmacias. Dueño de unos pulmones que le daban para 150 minutos en temperaturas exageradas, Retat fue bandera de una serie de jugadores que lo veían como el escudo con el que podían salir a defenderse a cualquier latitud. De su fibra y su empuje partieron las enseñanzas del Maestro Oswaldo Juan Zubeldía para ese campeonato de 1976.
Leonel Álvarez
El León del mediocampo que desde todos los sectores de la cancha era compinche de todos los jugadores del equipo. La coraza del equipo. El abrigo para el frío, el bronceador para las calderas. Pundonor a prueba de todo tipo de terrenos y circunstancias. El hombre eterno del video de la gloria. El que fue capaz de parar el sufrimiento para elevarnos a la estatura de campeones continentales. Un jugador de características europeas nacido y criado en Antioquia. Por fortuna, Leonel se hizo grande en Nacional, con la camiseta verdolaga y para todo el planeta.
Herman Gaviria
Desde las divisiones inferiores del club hasta la Selección Colombia del Mundial de 1994. Guapo, corajudo y con un dominio de balón exquisito que le entregó la oportunidad de llegar a posición de gol más veces que los demás jugadores que actuaban en su posición, Carepa se ganó un lugar en la memoria del pueblo verde gracias a tanta garra dentro del terreno de juego. Formó con Barrabás, con Leonel, con Chicho Pérez y Chicho Serna y con muchos más, el mejor equilibrio del fútbol colombiano durante más de un lustro entre 1990 y 1996.
Mauricio Serna
Ídolo perenne de la masa verdolaga, estandarte de tres títulos y bastión del mediocampo del mejor elenco colombiano de la década del 90. Algo que nunca se va a olvidar de Mauricio Chicho Serna, seguramente, fue su labor en varios puestos del club de Hernán Darío Gómez y Juan José Peláez: jugaba tan bien de delantero (hizo goles actuando en esa posición, como de volante creativo y destructor). Hizo carrera dentro del club hasta marcharse hasta el cuadro de La Rivera (Boca Juniors) para ser más grande aún, y regresar a entregar más gloria al cuadro de sus amores. Un amor incondicional de la hinchada.
José Amaya
El costeño llegó para entregarnos dos títulos nacionales en 2005 y 2007 y poco a poco se fue metiendo en el sentimiento nacionalista gracias a su aporte en sudor y materia gris dentro del terreno de juego. Pequeño en estatura, pero gigante en entrega, el Ringo tiene momentos exitosos en Nacional que seguramente le tienen deparado un destino de Selección Colombia por su aptitudes dentro de la cancha.
VOLANTES DE CREACIÓN
Miguel Zazzini
Uno de los primeros extranjeros rendidores que tuvo el cuadro nacionalista con un exquisita pegada a la pelota, certera definición y excelente triangulación con sus demás compañeros que le permitía o hacer los goles o dejar que sus compañeros los hicieran. Por los costados o por el centro, desde afuera o llegando hasta el área, el volante siempre se las ingeniaba para crear peligro de gol en el arco de los rivales. Una insignia del título del 54 que llegó a Nacional para comenzar la historia más laureada del fútbol colombiano.
Jorge Hugo Fernández
Un talento innato, líder en la cancha del resto de sus compañeros, excelente dominador de balón. Se trataba “La Chancha”, de un jugador que jugaba cortico y que jugaba largo. Típico jugador de los 70, bajito y gordito, que en el fútbol lento de la época era demasiado era demasiado rápido mentalmente. Un crack que llegó a Nacional para sacarlo campeón en 1973 y estripar la racha negativa de 19 años sin títulos. En el trabajo de armado era muy bueno y además hacía goles. Se trata de un ídolo perenne del sentimiento verdolaga, muy recordado por todos aquellos que tuvieron la oportunidad de observar su magia.
Jorge Olmedo
Excelente ejecutor de pelotas detenidas, el argentino se tiraba por el costado izquierdo, manejaba bien la pelota y conducía magistralmente a un equipo que fue campeón en 1976. Su conducción con la mirada en alto y sus perfectos pases milimétricos al vacío fueron una de las características del campeón de 1976 que tuvo en su armador un hombre que supo cómo explotar a los delanteros rápidos y veloces que tenía.
César Cueto
Magia en ebullición. Talento, poesía, lírica. Un superdotado que llegó a Nacional para engalanar un listado histórico de futbolistas que dejaron huella. Perfecto transportador de la pelota, hábil como el que más, sutil con el guante de su guayo izquierdo, no sería insultante ni raro decir que es la mejor pierna izquierda de la historia del fútbol colombiano. Con pases quirúrgicos, el peruano se instaló para siempre entre el listado de deidades verdolagas gracias a su ilusionismo, a su título del 81 y a que siempre que fue al estadio, fue a deleitar a un puñado de aficionados verdolagas que se hicieron más verdes que nunca gracias a su prontuario con el balón.
Hernán Darío Herrera
El Arriero fue de lo mejor del fútbol colombiano en el período en que jugó al fútbol y tenía como características que iba por derecha o por izquierda, o partía desde el fondo o desde atrás, con la misma claridad y la misma eficiencia. Se juntaba con Cueto y hacía maravillas, definía con cierto grado de solvencia y era tan eficiente haciendo goles como poniéndoselos a jugadores como La Rosa, Vilarete o Sapuca. Salido de la entraña verdolaga, el caldense llegó hasta selección Colombia y le faltaon más socios que Wellington Ortiz para llevar a la exposición mundial todo su talento.
Sergio Santín
Coraje, discplina, talento y desborde, además e goles, distinguían al uruguayo de los demás. Uno de los mejores jugadores extranjeros de la época que llegó del Pereira y formó con Cueto una de las duplas de volantes más exquisitas de la historia verdolaga. Se fue siendo ídolo verdolaga a pesar de no haber llegado a un campeonato. Su potente disparo de pierna izquierda lo hicieron asomarse en el marcador más veces que cualquiera de sus colegas volantes. Mundialista en 1986, El Bocha siempre será recordado por la jerarquía que le imprimía al equipo, por su franja de capitán y por el talento que desparramó en el césped del fútbol patrio.
Alexis García
El capitán. Simplemente eso. Único hombre verdolaga de la historia en levantar la Copa Libertadores de América de primero. El Maestro entendía a la perfección el juego de sus compañeros y por eso se hizo notar tanto dentro del terreno de juego. Explotó las virtudes de Faustino Asprilla, Albeiro Uzuriaga, John Jairo Tréllez, Víctor Aristizábal y Juan Pablo Ángel. Nada ni nada menos que eso, puesto que de su mano todos fueron grandes jugadores, vendidos al exterior y aporte vital a la selección Colombia. Poseedor de una ductibilidad con el balón solamente opacada por el Pibe Valderrama que le impidió ser grande en selecciones Colombia, García levantó la copa en dos torneos colombianos y en tres internacionales (una Libertadores y dos Interamericanas) siendo uno de los jugadores, con Aristizábal de la historia del Atlético Nacional.
Luis Alfonso Fajardo
Mundialista en 1990, El Bendito regaba las canchas con su talento y dejó para el recuerdo y para la historia la obra de arte del gol del título de 1991 cuando con un globito perfecto bañó a Eduardo Niño del América, y metía el 2-1 definitivo, y sin darse cuenta, bañaba también de gloria a Atlético Nacional. Fundamental en la conquista de la Copa Libertadores, Fajardo poducía el fútbol que aman los líricos y que le apasiona a la tribuna y por eso se metió de lleno en el sentimiento verdolaga.
Hugo Morales
Ar-gen-ti-no, ar-gen-ti-no, ar-gen-ti-no. El grito de la tribuna hacía estremecer hasta al ser más glacial del pueblo verdolaga. Los tiros libres de Hugo Alberto Morales, la facilidad para enganchar rivales, y para asociarse con sus delanteros (especialmente Edixon Perea y Víctor Aristizábal) lo llevaron a coronarse campeón con Nacional en 2005 y dejar una huella del nuevo fútbol de verde, tan contundente gracias a sus dos delanteros, pero también a la creación que desde atrás ejercía el ex Huracán y Lanús que hizo goles históricos (a Medellín en un clásico en el último minuto para el triunfo verde y a Tolima para pasar a la final de 2004 contra Junior y al mismo equipo pijao para pasar a la final de 2005 contra Santa Fe).
DELANTEROS
Humberto Álvarez
Capitán y campeón en 1954, se encargaba de armar el equipo, conseguir las figuras y ser el líder entro del terreno de juego de unos amigos que lo veían como el emblema. Gran capacidad de transporte de pelota, buen definidor, excelente remate al arco y velocidad, fueron las características que le sirvieron para quedarse para siempre en el olimpo de los ídolos verdolagas. Permaneció durante más de una década en el club y fue uno de los hombres que puso las primeras piedras para que Atlético Nacional poco a poco se fuera consolidando como uno de los mejores equipos del continente, gracias a la capacidad de gente como él.
Carlos Gambina
Potente, goleador y muy capaz dentro del área, el argentino fue el primer goleador y campeón de Atlético Nacional en su historia. Rápido dentro del área, de fuerte cabezazo y excelente definición, llevó con sus goles al cuadro verdolaga a la primera vuelta olímpica de la historia. Procedente del Atlético Bucaramanga, Gambina dejó atónitos a toda la afición verde de la época con sus goles y disparó el sentimiento hacia límites insospechados cuando de tanto mandar balones a las redes contrarias colaboró con la conquista del primer campeonato profesional del fútbol colombiano para el balompié de Antioquia, a los seis años de creada la Dimayor. Primer hombre vestido de verde que mandó a la red un balón para cantar una vuelta olímpica en 1954 cuando anotó el tanto de la victoria ante Medellín que le entregó a los verdolagas la alegría de ser el primer elenco antioqueño en conquistar el título profesional del fútbol patrio.
Víctor Campaz
Se trata de un jugador diferente para la época, porque era potente, tenía buen biotipo, un perfecto olfato de gol, jugaba por derecha y por izquierda, le pegaba al balón con ambas piernas y era rápido. Sus capacidades lo hacían ganar fácil en velocidad en tiempos en que el fútbol era lento. Sus facultades para reventar defensas tuvieron su mayor impacto cuando se juntó con Lóndero en Belo Horizonte y entre ambos demolieron la defensa del Cruzeiro y vencieron por primera vez para el fútbol colombiano a un elenco brasileño en su territorio.
Hugo Horacio Lóndero
Se trataba el argentino de un goleador de raza que nació con la portería entre ceja y ceja. Era un centrodelantero que se conocía al dedillo la enciclopedia de los movimientos dentro de las 18 con 50. Sabía cuál era su posición y cumplía a cabalidad con las órdenes del entrenador de turno: haga dos goles por partido. Segundo máximo goleador de la historia del fútbol colombiano, Lóndero no sentía los efectos de las localias y era tan implacable adentro como afuera del estadio Atanasio Girardot. Segundo hombre en la historia verdolaga en disfrazarse de superhéroe moderno y anotar un tanto de título, cuando en Cali, en el estadio Pascual Guerrero y ante Deportivo Cali, anotaba el 1-0 con que Nacional sepultaba 19 años sin dar vuelta olímpica.
Gustavo Santa
Pereirano veloz, encarador, rápido y de potente remate, no tan goleador, pero sí muy incisivo por derecha o por izquierda que desbordaba y tiraba centros con gran facilidad. Bajito y luchador, Santa anotó muchas veces en el arco del frente y conformó una dupla eficaz con Lóndero, que sumados a la Chancha Fernández, hacían las delicias del pueblo verdolaga de aquellos tiempos. En la historia de los goleadores verdolagas, Santa tiene hasta el momento un lugar asegurado en el podio de los máximos goleadores, solamente superado por Víctor Aristizábal y John Jairo Tréllez.
Oswaldo Marcial Palavecino
El argentino, quien llegó primero al Cristal Caldas, tenía un remate potente, era de un corte de goleador de aquellos nueves que ya no existen, no era muy dúctil con la pelota pero definía muy bien frente a los goleros contrarios y está en el podio de los máximos goleadores del fútbol profesional colombiano, detrás de Valenciano y Lóndero. Con ragos indios en su rostro, Palavecino jugaba con una balaca en su cabeza y una manilla en su antebrazo izquierdo que lo distinguían fácilmente del resto de jugadores dentro del terreno de juego, pero lo que más lo hacía notar era su remate fuerte y su buena definición. Dentro del área era implacable y por fuera de ella se asociaba con gran facilidad a los volantes o punteros. Goleador con Atlético Nacional de los torneos de 1977 y 1978 con 29 y 36 goles respectivamente. Lastimosamente tantas celebraciones no se transformaron en vueltas olímpicas. Un elegido de Oswaldo Juan Zubeldía que lo había visto jugar en su país en Vélez Sarsfield de Argentina.
Aparecido Donisette de Oliveira “Sapuca”
El brasileño, llegado del Tolima en 1983, conformó junto a La Rosa y Herrera la mejor delantera del fútbol colombiano que se quedó a un gol del título en ese año de la mano de Luis Cubilla. Fuerte, potente, veloz, encarador y rápido, Sapuca anotó goles de todos los calibres, quedando en la memoria colectiva del fútbol colombiano aquella anotación frente al Caldas en el Atanasio Girardot en la cual se trasladó desde el área de la cancha sur a la norte eludiendo rivales para, luego de sacarse al portero Munutti, elevar sus brazos al cielo desde antes de ingresar a las 18 con 50 y gritar el gol desde antes de empujar el balón al arco.
John Jairo Tréllez
La Turbina se destacó desde siempre por su olfato de gol. Inclusive en su debut en Cúcuta en un lejano domingo de 1986, anotó su primera diana y fortaleció el mito de los jugadores turbeños. De perfil izquierdo, pero de regates por ambos costados, Tréllez se instaló en el olimpo de los goleadores verdolagas con perenne recuerdo por la conquista de la Copa Libertadores de América en donde fue factor primordial gracias a su épico gol a Millonarios en El Campín que eliminó a los Embajadores y catapultó a los verdes a la conquista de la Libertadores. Goleador del fútbol colombiano en 1992 con 25 goles, campeón en 1991 del fútbol colombiano y con 116 tantos marcados con la camiseta más grande del fútbol nacional, Tréllez ocupa un sitio especial en la remembranza verdolaga de todas las épocas.
Albeiro Uzuriaga
De paso fugaz pero supremamente efectivo por el cuadro verdolaga, El Palomo llegó a préstamo sin opción de compra del América de Cali (aunque jugaba en el Cúcuta donde también estaba a préstamo) en 1989 a buscar un lugar en el equipo que jugaba la Copa Libertadores. Poco a poco se fue ganando la confianza del técnico y comenzó a desplazar gente para terminar de titular. Primero a Juan Jairo Galeano y Didi Alex Valderrama, y posteriormente a Jaime Arango, para terminar con Tréllez como los emblemas de la delantera del campeón de América. Su tanto a Millonarios en Medellín que a la postre significó el paso a la semifinal contra Danubio, sus cuatro tantos antes los uruguayos en el Atanasio Girardot y sus dos goles en la Final ante Olimpia en El Campín, le permitieron ingresar para siempre en el túnel de la irrefrenable aceleración hacia el cariño eterno de un pueblo que lloró por sus goles y lloró por su muerte.
Faustino Asprilla
Otro jugador proveniente del Cúcuta Deportivo gracias a una fabulosa actuación contra Nacional en el Atanasio donde bailó a Gildardo Gómez y que hizo que los directivos de la época posaran sus ojos sobre el diamante en bruto que había en la cancha. Llegó en 1990 como un desconocido y se fue en 1992 como la venta más importante del fútbol colombiano en la historia, llegando a ser luego en Europa el mejor futbolista colombiano de todos los tiempos. Conformó con Víctor Aristizábal la dupla verdolaga más importante de la historia, fue campeón en 1991 con Nacional, integró muchas selecciones Colombia, estuvo entre los cinco mejores jugadores del planeta y es sin dudas un emblema del fútbol nacionalista.
Víctor Hugo Aristizábal
Máximo goleador de la historia de Atlético Nacional con más de 200 goles en cuanta copa exista, salió de las divisiones menores con destino de leyenda. Ídolo de toda la afición antioqueña, el popular Aristi ha salido campeón con el cuadro verde en 4 oportunidades en 1991, 1994, 2005 y 2007, además de una Merconorte en 2000 que lo erigen como el más campeón de todos los tiempos en Colombia y uno de los que más vueltas ha dado con la institución. Emblema de niños, insignia de grandes, bandera de todos, Aristi se ganó uno de los principales puestos en el corazón de los verdolagas por haber marcado tantos y tantos goles y por eso los hinchas lo elevaron al púlpito de los delanteros verdolagas de todos los tiempos.
Edixon Perea
Conformó una dupla letal con Aristizábal para el título de 2005, aunque ya venía haciendo goles por montones desde 2003 en Nacional. Y de antología, como el taquito a Quindío que será recordado por siempre, o los tres goles a Boca Juniors, incluido el del triunfo en la mítica Bombonera en la Sudamericana de 2003. Era perfecto como delantero puesto que hacía goles de izquierda, de derecha, de cabeza, de fuera del área, dentro de las 18 y en los primeros y segundos tiempos. Un tiempista para el cabezazo que se ganó un lugar en el recordatorio de los aficionados.
Gigante del arco verdolaga de los años 40 y 50, héroe del primer título verde de la historia y animador constante del fútbol colombiano puesto que integró en repetidas ocasiones las diferentes selecciones Colombia que asistían a las diferentes copas América de la época. Hizo parte de la primera convocatoria de Fedefútbol a jugadores de Nacional en 1950 y fue emblema del Municipal y posteriormente de Nacional. El primer gran guardián del arco verdolaga, artífice del título de 1954.
Raúl Navarro
El argentino llegó en una época (1971) en la que Nacional completaba 17 años sin dar vueltas olímpicas y de su seguridad, conocimiento y armonía, además de la plasticidad de sus movimientos y su confianza hacia sus compañeros, partieron los grandes años de Atlético Nacional. El Gato vestía de negro y mostraba una pinta de actor de Hollywood con la que nadie lo ubicaba debajo de los tres palos pero en definitiva en esas cinco con cincuenta se encargó de demostrar por qué Hernán Botero había confiado en él para custodiar los tres palos verdolagas. Único portero de la historia de Nacional en dar dos vueltas olímpicas por torneo colombiano en 1973 y 1976.
Lorenzo Carrabs
El uruguayo llegó procedente del Junior de Barranquilla y en un comienzo le tocó compartir la titular con el nacionalizado Luis Jerónimo López (uno actuaba de visitante y el otro de local) y poco a poco gracias a su categoría en el juego aéreo y a sus atajadas espectaculares se fue adueñando del puesto hasta hacerse titular indiscutible de los equipos de Zubeldía. Campeón en 1981 con Nacional, el charrúa permanece inmortal en la memoria colectiva del pueblo verdolaga.
René Higuita
Casi el Zeus del Olimpo verdolaga, todo nuevo ídolo que haga su ingreso al firmamento nacionalista debe sentarse a su diestra por haber sido el emblema y el símbolo del máximo logro del balompié de Atlético Nacional en su historia: La Copa Libertadores de América en 1989. Culpable de convertir a Nacional en el equipo más popular del fútbol colombiano, El Loco tendrá un lugar asegurado para siempre en el corazón de los verdolagas por haber tenido la osadía de ser original en un espacio tan pequeño como son los tres palos. Su recuerdo nutre la nostalgia y el hincha verde siempre hubiera querido que su arco, fuera defendido de forma perenne por el estelar portero que deleitó a todo el mundo a través de una originalidad suprema y una autenticidad que lo hizo ser amado en todos los rincones del planeta. Superhéroe disfrazado de verde.
Miguel Calero
Llegó al equipo a suplir la ausencia de arqueros de envergadura y a mantener la historia de que Nacional siempre había tenido arqueros de verdad y cumplió el objetivo siendo campeón de la Merconorte 98 y del torneo colombiano 99. Arquero gana-partidos que en las definiciones a penales de la época le entregaba a Nacional un punto de más gracias a sus reflejos felinos, a su intuición y a que es uno de los mejores arqueros de la historia del fútbol colombiano. Llegado del Deportivo Cali en una cifra astrónomica para la época, e inclusive para nuestros días, cumplió el papel y dejó una huella que hoy los hinchas reconocen.
David Ospina
Último arquero en llegar al firmamento verdolaga gracias a su descomunal actuación el día del título número nueve de los verdes en Colombia, cuando se disfrazó de héroe de la mitología nacionalista y sacó dos balones que llevaban sello de gol. Impidió la amargura de la tribuna, mostró clase y categoría en momentos sublimes y se disparó hacia el olimpo verdolaga con la juventud de él y la grandeza de la historia. El arquero más joven de la historia de nuestro fútbol con apenas 18 años pertenece al corazón verdolaga, es ídolo de multitudes y será próximamente candidato a selección y al fútbol internacional. Un grande nacido en la entraña verdolaga.
LATERALES
Ignacio Calle
Jugador de otros tiempos con características propias del futbolista de hoy. Seguro en marca y con capacidad de desdoblarse al ataque. Campeón con el equipo de Fernando Paternóster en 1954 e integrante de varias selecciones Colombia, Ignacio Calle fue uno de los primeros laterales de nuestra tierra antioqueña que nutrió al fútbol colombiano con su picardía y sus centros de gol.
Gerardo Moncada
El Alemán mostró su jerarquía en los títulos de 1973 y 1976 cuando borró de su costado a cuanto puntero se apareciera gracias a un pundonor deportivo y a una entrega propias del jugador teutón que se pone la camiseta de su país y se muere sobre ella. Gracias en parte a su presencia, conformó varias líneas defensivas invulnerables en el equipo verdolaga y su talento natural le colaboró para entrar en el salón de la fama del mejor equipo de Colombia.
Gilberto Salgado
El Comanche tenía un sacrificio y una garra que le entregaban la personalidad con la cual batalló en todas las canchas del país. Aplicado, dedicado y consagrado a su trabajo, basó en el esfuerzo toda su actitud y terminó por ser campeón del coraje en un equipo campeón del fútbol colombiano. Digno de emular por todas las generaciones venideras por su entrega y lucha.
Luis Fernando Herrera
El mejor lateral de todos los tiempos del fútbol colombiano se hizo grande en Atlético Nacional jugó dos mundiales y nunca desentonó con el balón en los pies. Parecía el armador del equipo, sin él, los volantes carecían de llegada, abría la cancha hasta la última línea, parecía un puntero más y tiraba centros de Hollywood para goles de película. Su capacidad a pesar de la altura, lo llevó a conocer a la perfección el puesto y dejar enseñanzas para la posteridad. Manejaba ambas piernas con suficiencia, si no tiraba el centro desde la última raya enganchaba y lo lanzaba con la misma efectividad con la izquierda y hacía diagonales propias de un delantero de buenas características. Tal vez le ayudaba el compás de sus piernas para engañar a sus rivales pero con lo que nunca engañó el Chonto, fue con su sudor y su entrega. Un señor de las canchas, quizás el mejor lateral de la historia del fútbol colombiano.
Diego Osorio
Magia, ilusionismo, espectáculo y show en solo dos piernas. Pudo tranquilamente David Copperfield inspirarse en él para armar el mundo de su éxito. Con el balón en los pies, por izquierda o por derecha, era un genio que escondía conejos, sacaba palomas, aparecía cartas e hipnotizaba rivales merced a una cualidad nunca vista en el balompié patrio: el túnel. Su endemoniada gambeta le permitió arrimarse tantas veces al gol como pocos laterales de nuestro fútbol. Lastimosamente su rodilla nos jugó a todos los amantes del fútbol una mala pasada y le tocó retirarse antes de tiempo. Dejó su huella y eso se le agradece.
José Fernando Santa
Otro lateral por ambos costados que tenían un pique demoledor. Cumplidor de las funciones defensivas, y además pasaba al ataque para sumar juego, no para incrementar la gente. Campeón de 1994, y mundialista de 1998, el pereirano se ganó un lugar en el escalón de los ídolos verdolagas, además, por su fino fútbol, sus participaciones internacionales y porque siempre prestigió el balompié nacionalista por su pulcro manejo de la pelota.
Camilo Zúñiga
Recién aparecido en el olimpo verdolaga, Zúñiga se trata de un jugador que tiene perfil derecho y que juega como lateral, marcador o carrilero por esa banda. Dentro de sus principales habilidades se pueden mencionar su gambeta larga y certera que le impide a cualquier defensa frenarlo sin falta. Apoya el ataque con técnica y decisión y defiende con cautela. Su disparo de media y larga distancia le ha permitido marcar varios goles y es vital para abrir la cancha cuando los equipos contrarios se paran muy cortos en el terreno de juego. Por su clase es un jugador de potrero que desnivela en cualquier momento del partido, se asocia de la mejor forma con el resto de compañeros, hace diagonales o llega a la raya final a tirar el centro y tiene muchas facilidades de desequilibrio en ataque. Tanta clase le ha permitido marcar en el fútbol colombiano varios goles en tan corto tiempo, y eso siendo un defensa. Con tan solo 21 años es bicampeón del fútbol patrio con Nacional y tiene destino internacional.
CENTRALES
Atilio Miotti
El primer extranjero del club de la historia llegó para colaborar en la construcción de la grandeza del club. Fuerte en el juego aéreo y dúctil con la pelota en los pies, realizaba buenos cierres y conducía al equipo desde atrás siendo líder y mostrando su bagaje. Su temperamento fue factor determinante en el primer título del club en 1954 y por eso será recordado como el caudillo de un equipo que comenzó semejante historia.
Teófilo Campaz
Nacional encontró en Campaz un defensa sólido en el juego aéreo, y fuerte por abajo que conducía bien la defensa y era seguro en la marca personal. Héroe de Belo Horizonte cuando Nacional triunfó por primera vez para Colombia en territorio brasileño en la Copa Libertadores de 1975 ante Cruzeiro, posterior campeón de esa edición copera y campeón en 1973 cuando el cuadro verdolaga suspendía los 19 años infames para el sentimiento verde sin ser campeones.
Andrés Escobar
Ídolo inmaculado de la afición verdolaga. Héroe perenne de los corazones verdes. Semidiós de la memoria colectiva de la afición nacionalista. Figura de la gran conquista de Nacional en su historia como fue la Libertadores de 1989, Andrés no solo colaboró con eso sino que fue parte del mejor equipo verdolaga de la historia cuando en compañía de sus amigos de Nacional y la Selección le demostraron al país, al continente y al mundo, que el meridiano del balompié también pasaba por Antioquia y Colombia. Su recuerdo nutre la nostalgia. Su calidad, su forma de ser, su don de gente, sus cambios de frente, sus cabezazos en ambas áreas, sus remates de fuera del área. Su seguridad y su forma de jugar adentro de la cancha y de comportarse fuera de ella, le entregaron un sitial de privilegio en el mundo nacionalista que siempre lo tendrá como el principal héroe mimado de la colección de estrellas que posee el club. Nació y murió verdolaga. Suficiente para amarlo hasta la eternidad.
Iván Ramiro Córdoba
De las entrañas del fútbol de Atlético Nacional salió de las Divisiones Menores proveniente de Rionegro y se acopló de tal forma a la titular del equipo que nunca más soltó el puesto en tres años que estuvo en el club antes de marcharse a San Lorenzo de Almagro de la Argentina. Preciso en los cierres, veloz para adelantarse a las jugadas del rival y poseedor de una gran saltabilidad, siempre se las ingenió para reducir las intenciones del rival en simples opciones de llegar al área rival. Su velocidad, su salto para el juego aéreo en ambas áreas y especialmente a que se fue siendo un grande, tan chico, le permitieron dejar una huella profunda en la afición verdolaga que anhela volverlo a ver vestido de verde y blanco.
José Luis Brown
Apodado El Tata, José Luis llegó a Nacional proveniente de Estudiantes de la Plata y no tardó en adaptarse a Medellín y al equipo. Durante más de un año mostró lo potente de su juego aéreo (es el único jugador de la historia del fútbol colombiano en anotar un gol en la final de un Mundial de Fútbol. Lo hizo en México 86 para Argentina). Nacido en Ranchos, Argentina, el 11 de noviembre de 1956, llegó al cuadro verdolaga en 1983 y conformó un equipo de ensueño con Cueto, Santín, Sapuca, La Rosa, Herrera y demás que estuvo cerca de ser campeón.
Aquivaldo Mosquera
Salido de la cantera del fútbol nacionalista, muchos le adivinaron su estampa de jugador diferente, aunque unos autogoles hayan desviado la atención de la gente. Demoledor en el juego aéreo en ambas áreas y capacitado para momentos cumbres y definitivos de los partidos, Aquivaldo atesora entre sus propiedades la exquisitez del central que hace la fácil en momentos difíciles y que tiene una confianza en sí mismo que lo llevó a cambiar pitos por aplausos de la tribuna, hecho que solamente son capaces de hacer los grandes de verdad. Campeón en 2005 con Nacional, Mosquera es otro de los emblemas del club que juega en el exterior.
Humberto Mendoza
Campeón verdolaga en 2005 y 2007, Humberto llegó procedente de Bucaramanga para hacerse grande en Nacional. Poco a poco mostró fuerza en el disparo, exactitud en el juego aéreo y rápidas coberturas que lo acreditaron como el mejor central de Nacional de los últimos tiempos. Tanto es así, que durante los últimos tiempos Nacional mostró un comportamiento defensivo sin Humberto Mendoza y otro completamente diferente cuando él se repuso de una lesión que lo marginó durante unos meses de las canchas. Otro central verdolaga, de tantos y tantos, que tendrá destino internacional.
Iván Hurtado
El ecuatoriano Iván Hurtado llegó a Atlético Nacional en enero de 2007 y se fue en enero de 2008 y dejó, aparte de su experiencia y carisma, dos títulos y el primer bicampeonato en la historia del club. El Bam Bam en el elenco nacionalista fue un defensor que hizo del criterio y la sobriedad su bandera, que se entendió a la perfección con Humberto Mendoza, que tuvo una técnica depurada y casi perfecta que le permitía dominra y gobernar cualquier balón, así pareciera ladrillo, y que hacía unos cambios de frente tan precisos que posibilitaban la salida por los costados del elenco de Quintabani. Aparte su velocidad impedía cualquier intento rival de acercarse a ras de piso y lo mejor es que se fue del club siendo ídolo, amigo y señor, de sus propios compañeros. En Colombia, Hurtado demostró que el futbolista extranjero debe marcar diferencias como él, que en determinados momentos, tuvo nivel de hollywood.
VOLANTES DE MARCA
Nicolás Gianastasio
En tiempos en los cuales se defendía con tres y se atacaba con seis, el argentino se batía como un león en el mediocampo para impedir la mayoría de ataques rivales. Fundamental en la campaña del primer título verdolaga, Gianastasio colaboró con entrega y garra, además de pases de gol, para enarbolar desde hace mucho tiempo la bandera del fútbol bien jugado que ha practicado la institución a través de todo este tiempo.
Tito Manuel Gómez
Procedente de la Argentina, Tito Gómez llegó en el mejor momento a Nacional porque a partir de su ingreso al club, el cuadro verdolaga se volvió a reportar en los primeros lugares del fútbol colombiano, canceló una cuenta pendiente de dos décadas sin títulos y se entregó al máximo para que Nacional se alzara con el título del 73 en Cali en el Pascual Guerrero ante el elenco azucarero.
Eduardo Julián Retat
El temperamento del colombiano no se alquilaba en prenderías ni se compraba en farmacias. Dueño de unos pulmones que le daban para 150 minutos en temperaturas exageradas, Retat fue bandera de una serie de jugadores que lo veían como el escudo con el que podían salir a defenderse a cualquier latitud. De su fibra y su empuje partieron las enseñanzas del Maestro Oswaldo Juan Zubeldía para ese campeonato de 1976.
Leonel Álvarez
El León del mediocampo que desde todos los sectores de la cancha era compinche de todos los jugadores del equipo. La coraza del equipo. El abrigo para el frío, el bronceador para las calderas. Pundonor a prueba de todo tipo de terrenos y circunstancias. El hombre eterno del video de la gloria. El que fue capaz de parar el sufrimiento para elevarnos a la estatura de campeones continentales. Un jugador de características europeas nacido y criado en Antioquia. Por fortuna, Leonel se hizo grande en Nacional, con la camiseta verdolaga y para todo el planeta.
Herman Gaviria
Desde las divisiones inferiores del club hasta la Selección Colombia del Mundial de 1994. Guapo, corajudo y con un dominio de balón exquisito que le entregó la oportunidad de llegar a posición de gol más veces que los demás jugadores que actuaban en su posición, Carepa se ganó un lugar en la memoria del pueblo verde gracias a tanta garra dentro del terreno de juego. Formó con Barrabás, con Leonel, con Chicho Pérez y Chicho Serna y con muchos más, el mejor equilibrio del fútbol colombiano durante más de un lustro entre 1990 y 1996.
Mauricio Serna
Ídolo perenne de la masa verdolaga, estandarte de tres títulos y bastión del mediocampo del mejor elenco colombiano de la década del 90. Algo que nunca se va a olvidar de Mauricio Chicho Serna, seguramente, fue su labor en varios puestos del club de Hernán Darío Gómez y Juan José Peláez: jugaba tan bien de delantero (hizo goles actuando en esa posición, como de volante creativo y destructor). Hizo carrera dentro del club hasta marcharse hasta el cuadro de La Rivera (Boca Juniors) para ser más grande aún, y regresar a entregar más gloria al cuadro de sus amores. Un amor incondicional de la hinchada.
José Amaya
El costeño llegó para entregarnos dos títulos nacionales en 2005 y 2007 y poco a poco se fue metiendo en el sentimiento nacionalista gracias a su aporte en sudor y materia gris dentro del terreno de juego. Pequeño en estatura, pero gigante en entrega, el Ringo tiene momentos exitosos en Nacional que seguramente le tienen deparado un destino de Selección Colombia por su aptitudes dentro de la cancha.
VOLANTES DE CREACIÓN
Miguel Zazzini
Uno de los primeros extranjeros rendidores que tuvo el cuadro nacionalista con un exquisita pegada a la pelota, certera definición y excelente triangulación con sus demás compañeros que le permitía o hacer los goles o dejar que sus compañeros los hicieran. Por los costados o por el centro, desde afuera o llegando hasta el área, el volante siempre se las ingeniaba para crear peligro de gol en el arco de los rivales. Una insignia del título del 54 que llegó a Nacional para comenzar la historia más laureada del fútbol colombiano.
Jorge Hugo Fernández
Un talento innato, líder en la cancha del resto de sus compañeros, excelente dominador de balón. Se trataba “La Chancha”, de un jugador que jugaba cortico y que jugaba largo. Típico jugador de los 70, bajito y gordito, que en el fútbol lento de la época era demasiado era demasiado rápido mentalmente. Un crack que llegó a Nacional para sacarlo campeón en 1973 y estripar la racha negativa de 19 años sin títulos. En el trabajo de armado era muy bueno y además hacía goles. Se trata de un ídolo perenne del sentimiento verdolaga, muy recordado por todos aquellos que tuvieron la oportunidad de observar su magia.
Jorge Olmedo
Excelente ejecutor de pelotas detenidas, el argentino se tiraba por el costado izquierdo, manejaba bien la pelota y conducía magistralmente a un equipo que fue campeón en 1976. Su conducción con la mirada en alto y sus perfectos pases milimétricos al vacío fueron una de las características del campeón de 1976 que tuvo en su armador un hombre que supo cómo explotar a los delanteros rápidos y veloces que tenía.
César Cueto
Magia en ebullición. Talento, poesía, lírica. Un superdotado que llegó a Nacional para engalanar un listado histórico de futbolistas que dejaron huella. Perfecto transportador de la pelota, hábil como el que más, sutil con el guante de su guayo izquierdo, no sería insultante ni raro decir que es la mejor pierna izquierda de la historia del fútbol colombiano. Con pases quirúrgicos, el peruano se instaló para siempre entre el listado de deidades verdolagas gracias a su ilusionismo, a su título del 81 y a que siempre que fue al estadio, fue a deleitar a un puñado de aficionados verdolagas que se hicieron más verdes que nunca gracias a su prontuario con el balón.
Hernán Darío Herrera
El Arriero fue de lo mejor del fútbol colombiano en el período en que jugó al fútbol y tenía como características que iba por derecha o por izquierda, o partía desde el fondo o desde atrás, con la misma claridad y la misma eficiencia. Se juntaba con Cueto y hacía maravillas, definía con cierto grado de solvencia y era tan eficiente haciendo goles como poniéndoselos a jugadores como La Rosa, Vilarete o Sapuca. Salido de la entraña verdolaga, el caldense llegó hasta selección Colombia y le faltaon más socios que Wellington Ortiz para llevar a la exposición mundial todo su talento.
Sergio Santín
Coraje, discplina, talento y desborde, además e goles, distinguían al uruguayo de los demás. Uno de los mejores jugadores extranjeros de la época que llegó del Pereira y formó con Cueto una de las duplas de volantes más exquisitas de la historia verdolaga. Se fue siendo ídolo verdolaga a pesar de no haber llegado a un campeonato. Su potente disparo de pierna izquierda lo hicieron asomarse en el marcador más veces que cualquiera de sus colegas volantes. Mundialista en 1986, El Bocha siempre será recordado por la jerarquía que le imprimía al equipo, por su franja de capitán y por el talento que desparramó en el césped del fútbol patrio.
Alexis García
El capitán. Simplemente eso. Único hombre verdolaga de la historia en levantar la Copa Libertadores de América de primero. El Maestro entendía a la perfección el juego de sus compañeros y por eso se hizo notar tanto dentro del terreno de juego. Explotó las virtudes de Faustino Asprilla, Albeiro Uzuriaga, John Jairo Tréllez, Víctor Aristizábal y Juan Pablo Ángel. Nada ni nada menos que eso, puesto que de su mano todos fueron grandes jugadores, vendidos al exterior y aporte vital a la selección Colombia. Poseedor de una ductibilidad con el balón solamente opacada por el Pibe Valderrama que le impidió ser grande en selecciones Colombia, García levantó la copa en dos torneos colombianos y en tres internacionales (una Libertadores y dos Interamericanas) siendo uno de los jugadores, con Aristizábal de la historia del Atlético Nacional.
Luis Alfonso Fajardo
Mundialista en 1990, El Bendito regaba las canchas con su talento y dejó para el recuerdo y para la historia la obra de arte del gol del título de 1991 cuando con un globito perfecto bañó a Eduardo Niño del América, y metía el 2-1 definitivo, y sin darse cuenta, bañaba también de gloria a Atlético Nacional. Fundamental en la conquista de la Copa Libertadores, Fajardo poducía el fútbol que aman los líricos y que le apasiona a la tribuna y por eso se metió de lleno en el sentimiento verdolaga.
Hugo Morales
Ar-gen-ti-no, ar-gen-ti-no, ar-gen-ti-no. El grito de la tribuna hacía estremecer hasta al ser más glacial del pueblo verdolaga. Los tiros libres de Hugo Alberto Morales, la facilidad para enganchar rivales, y para asociarse con sus delanteros (especialmente Edixon Perea y Víctor Aristizábal) lo llevaron a coronarse campeón con Nacional en 2005 y dejar una huella del nuevo fútbol de verde, tan contundente gracias a sus dos delanteros, pero también a la creación que desde atrás ejercía el ex Huracán y Lanús que hizo goles históricos (a Medellín en un clásico en el último minuto para el triunfo verde y a Tolima para pasar a la final de 2004 contra Junior y al mismo equipo pijao para pasar a la final de 2005 contra Santa Fe).
DELANTEROS
Humberto Álvarez
Capitán y campeón en 1954, se encargaba de armar el equipo, conseguir las figuras y ser el líder entro del terreno de juego de unos amigos que lo veían como el emblema. Gran capacidad de transporte de pelota, buen definidor, excelente remate al arco y velocidad, fueron las características que le sirvieron para quedarse para siempre en el olimpo de los ídolos verdolagas. Permaneció durante más de una década en el club y fue uno de los hombres que puso las primeras piedras para que Atlético Nacional poco a poco se fuera consolidando como uno de los mejores equipos del continente, gracias a la capacidad de gente como él.
Carlos Gambina
Potente, goleador y muy capaz dentro del área, el argentino fue el primer goleador y campeón de Atlético Nacional en su historia. Rápido dentro del área, de fuerte cabezazo y excelente definición, llevó con sus goles al cuadro verdolaga a la primera vuelta olímpica de la historia. Procedente del Atlético Bucaramanga, Gambina dejó atónitos a toda la afición verde de la época con sus goles y disparó el sentimiento hacia límites insospechados cuando de tanto mandar balones a las redes contrarias colaboró con la conquista del primer campeonato profesional del fútbol colombiano para el balompié de Antioquia, a los seis años de creada la Dimayor. Primer hombre vestido de verde que mandó a la red un balón para cantar una vuelta olímpica en 1954 cuando anotó el tanto de la victoria ante Medellín que le entregó a los verdolagas la alegría de ser el primer elenco antioqueño en conquistar el título profesional del fútbol patrio.
Víctor Campaz
Se trata de un jugador diferente para la época, porque era potente, tenía buen biotipo, un perfecto olfato de gol, jugaba por derecha y por izquierda, le pegaba al balón con ambas piernas y era rápido. Sus capacidades lo hacían ganar fácil en velocidad en tiempos en que el fútbol era lento. Sus facultades para reventar defensas tuvieron su mayor impacto cuando se juntó con Lóndero en Belo Horizonte y entre ambos demolieron la defensa del Cruzeiro y vencieron por primera vez para el fútbol colombiano a un elenco brasileño en su territorio.
Hugo Horacio Lóndero
Se trataba el argentino de un goleador de raza que nació con la portería entre ceja y ceja. Era un centrodelantero que se conocía al dedillo la enciclopedia de los movimientos dentro de las 18 con 50. Sabía cuál era su posición y cumplía a cabalidad con las órdenes del entrenador de turno: haga dos goles por partido. Segundo máximo goleador de la historia del fútbol colombiano, Lóndero no sentía los efectos de las localias y era tan implacable adentro como afuera del estadio Atanasio Girardot. Segundo hombre en la historia verdolaga en disfrazarse de superhéroe moderno y anotar un tanto de título, cuando en Cali, en el estadio Pascual Guerrero y ante Deportivo Cali, anotaba el 1-0 con que Nacional sepultaba 19 años sin dar vuelta olímpica.
Gustavo Santa
Pereirano veloz, encarador, rápido y de potente remate, no tan goleador, pero sí muy incisivo por derecha o por izquierda que desbordaba y tiraba centros con gran facilidad. Bajito y luchador, Santa anotó muchas veces en el arco del frente y conformó una dupla eficaz con Lóndero, que sumados a la Chancha Fernández, hacían las delicias del pueblo verdolaga de aquellos tiempos. En la historia de los goleadores verdolagas, Santa tiene hasta el momento un lugar asegurado en el podio de los máximos goleadores, solamente superado por Víctor Aristizábal y John Jairo Tréllez.
Oswaldo Marcial Palavecino
El argentino, quien llegó primero al Cristal Caldas, tenía un remate potente, era de un corte de goleador de aquellos nueves que ya no existen, no era muy dúctil con la pelota pero definía muy bien frente a los goleros contrarios y está en el podio de los máximos goleadores del fútbol profesional colombiano, detrás de Valenciano y Lóndero. Con ragos indios en su rostro, Palavecino jugaba con una balaca en su cabeza y una manilla en su antebrazo izquierdo que lo distinguían fácilmente del resto de jugadores dentro del terreno de juego, pero lo que más lo hacía notar era su remate fuerte y su buena definición. Dentro del área era implacable y por fuera de ella se asociaba con gran facilidad a los volantes o punteros. Goleador con Atlético Nacional de los torneos de 1977 y 1978 con 29 y 36 goles respectivamente. Lastimosamente tantas celebraciones no se transformaron en vueltas olímpicas. Un elegido de Oswaldo Juan Zubeldía que lo había visto jugar en su país en Vélez Sarsfield de Argentina.
Aparecido Donisette de Oliveira “Sapuca”
El brasileño, llegado del Tolima en 1983, conformó junto a La Rosa y Herrera la mejor delantera del fútbol colombiano que se quedó a un gol del título en ese año de la mano de Luis Cubilla. Fuerte, potente, veloz, encarador y rápido, Sapuca anotó goles de todos los calibres, quedando en la memoria colectiva del fútbol colombiano aquella anotación frente al Caldas en el Atanasio Girardot en la cual se trasladó desde el área de la cancha sur a la norte eludiendo rivales para, luego de sacarse al portero Munutti, elevar sus brazos al cielo desde antes de ingresar a las 18 con 50 y gritar el gol desde antes de empujar el balón al arco.
John Jairo Tréllez
La Turbina se destacó desde siempre por su olfato de gol. Inclusive en su debut en Cúcuta en un lejano domingo de 1986, anotó su primera diana y fortaleció el mito de los jugadores turbeños. De perfil izquierdo, pero de regates por ambos costados, Tréllez se instaló en el olimpo de los goleadores verdolagas con perenne recuerdo por la conquista de la Copa Libertadores de América en donde fue factor primordial gracias a su épico gol a Millonarios en El Campín que eliminó a los Embajadores y catapultó a los verdes a la conquista de la Libertadores. Goleador del fútbol colombiano en 1992 con 25 goles, campeón en 1991 del fútbol colombiano y con 116 tantos marcados con la camiseta más grande del fútbol nacional, Tréllez ocupa un sitio especial en la remembranza verdolaga de todas las épocas.
Albeiro Uzuriaga
De paso fugaz pero supremamente efectivo por el cuadro verdolaga, El Palomo llegó a préstamo sin opción de compra del América de Cali (aunque jugaba en el Cúcuta donde también estaba a préstamo) en 1989 a buscar un lugar en el equipo que jugaba la Copa Libertadores. Poco a poco se fue ganando la confianza del técnico y comenzó a desplazar gente para terminar de titular. Primero a Juan Jairo Galeano y Didi Alex Valderrama, y posteriormente a Jaime Arango, para terminar con Tréllez como los emblemas de la delantera del campeón de América. Su tanto a Millonarios en Medellín que a la postre significó el paso a la semifinal contra Danubio, sus cuatro tantos antes los uruguayos en el Atanasio Girardot y sus dos goles en la Final ante Olimpia en El Campín, le permitieron ingresar para siempre en el túnel de la irrefrenable aceleración hacia el cariño eterno de un pueblo que lloró por sus goles y lloró por su muerte.
Faustino Asprilla
Otro jugador proveniente del Cúcuta Deportivo gracias a una fabulosa actuación contra Nacional en el Atanasio donde bailó a Gildardo Gómez y que hizo que los directivos de la época posaran sus ojos sobre el diamante en bruto que había en la cancha. Llegó en 1990 como un desconocido y se fue en 1992 como la venta más importante del fútbol colombiano en la historia, llegando a ser luego en Europa el mejor futbolista colombiano de todos los tiempos. Conformó con Víctor Aristizábal la dupla verdolaga más importante de la historia, fue campeón en 1991 con Nacional, integró muchas selecciones Colombia, estuvo entre los cinco mejores jugadores del planeta y es sin dudas un emblema del fútbol nacionalista.
Víctor Hugo Aristizábal
Máximo goleador de la historia de Atlético Nacional con más de 200 goles en cuanta copa exista, salió de las divisiones menores con destino de leyenda. Ídolo de toda la afición antioqueña, el popular Aristi ha salido campeón con el cuadro verde en 4 oportunidades en 1991, 1994, 2005 y 2007, además de una Merconorte en 2000 que lo erigen como el más campeón de todos los tiempos en Colombia y uno de los que más vueltas ha dado con la institución. Emblema de niños, insignia de grandes, bandera de todos, Aristi se ganó uno de los principales puestos en el corazón de los verdolagas por haber marcado tantos y tantos goles y por eso los hinchas lo elevaron al púlpito de los delanteros verdolagas de todos los tiempos.
Edixon Perea
Conformó una dupla letal con Aristizábal para el título de 2005, aunque ya venía haciendo goles por montones desde 2003 en Nacional. Y de antología, como el taquito a Quindío que será recordado por siempre, o los tres goles a Boca Juniors, incluido el del triunfo en la mítica Bombonera en la Sudamericana de 2003. Era perfecto como delantero puesto que hacía goles de izquierda, de derecha, de cabeza, de fuera del área, dentro de las 18 y en los primeros y segundos tiempos. Un tiempista para el cabezazo que se ganó un lugar en el recordatorio de los aficionados.
LOS TÍTULOS INTERNACIONALES

1989: copa toyota libertadores
Ni el más creyente de los creyentes, con una mano en el corazón, pudo haberse imaginado que tan solo dos años y medios después de tomar la decisión de regresar a Atlético Nacional a la época de los puros criollos, el resultado se iba a observar a nivel internacional y no colombiano. Cuando se le confió el equipo a Francisco Maturana en 1987 por su buena actuación con el Caldas en 1986 en el torneo patrio, y se le permitió tener un equipo de solamente colombianos como Higuita, Herrera, Cortina, Molina, Escobar, Villa, Pérez, García, Fajardo, Tréllez, Castaño, Galeano y otros más, todos pensaban en que el proceso demoraría cinco o seis años, para ¡SER CAMPEONES DE COLOMBIA!
Y luego del subtítulo de 1988 y la posibilidad de participar en la Copa, nadie pensaba en el final feliz que terminó siendo esa versión copera, la número 40 de la historia denominada Copa “Revista El Gráfico” Libertadores de América. Porque para todos los aficionados verdolagas mayores de treinta y pico el hecho se convirtió en la panacea de sus vidas.
Poco a poco iban desfilando por el Atanasio Girardot los rivales. Y poco a poco caían miércoles tras miércoles. Los ecuatorianos Emelec y Deportivo Quito, Millonarios de Colombia, Racing de Avellaneda de Argentina, Danubio de Uruguay y Olimpia de Paraguay, este en Bogotá, vieron como la superioridad de los dirigidos por Francisco Maturana se llevaban para siempre la Copa y hacían delirar a una ciudad que nuevamente llenó dos estadios en menos de 15 horas, el propio y el de los rivales de ese tiempo, para demostrarle al continente que sí había quién ganara finales en Colombia, luego de 4 perdidas con los elencos del Valle.
Paso a paso, Nacional en primera ronda se enfrentó con Millonarios y los ecuatorianos. Tres empates en condición de visitantes (1-1 en Bogotá, 1-1 ante Emelec y 1-1 ante Deportivo Quito, le daban a Nacional la posibilidad de llegar a la segunda fase si conseguía al menos la mitad de sus puntos en casa, cosa que lograría al ganarle sus partidos a los ecuatorianos (2-1 a deportivo Quito y 3-1 a Emelec), sin importar la derrota 0-2 ante Millos.
En ese entonces pasaban los dos primeros equipos del cuadrangular y los verdes, al pasar de segundos, se enfrentaban con un ex campeón de la Libertadores en segunda ronda: Racing Club de Avellaneda en Argentina. Un 2-0 en el Atanasio mediante anotaciones de Tréllez y Villa, permitían ir al Cilindro Juan Domingo Perón de Avellaneda a manejar el partido. No era tan fácil porque los dirigidos por Alfio “El Coco” Basile por intermedio de Raúl Iglesias y Rubén Paz alcanzaron a igualar las acciones con un 2-0 que indicaba que la tortura de los penales estaba cerca. Claro que sobre el final del partido (min 39 del S.T) un puntazo de Felipe Pérez al ángulo superior izquierdo del “Pato” Fillol le entregaba el pase a Cuartos de Final al elenco colombiano. Sobre el final de ese partido, Basile fue visionario: “Nos ganó el campeón”.
Llegaba en Cuartos de Final el duelo de colombianos por disposición de la Conmebol que no permitía dos elencos de un mismo país en semifinales. Por eso verdolagas y azules se sacaron chispas en esos 180 minutos de juego en Medellín y Bogotá. El primer duelo en el Atanasio Girardot terminó con un cerrado 1-0 en favor de Nacional gracias a un tanto marcado por Albeiro Uzuriaga. Y cuando toda la prensa del país decía que en Bogotá Millonarios iba a triturar a Nacional por el demoledor ataque tenía (Iguarán, Juárez, Hernández y estrada), un 1-1 final le entregó el pase a semifinales al cuadro verdolaga. Esa noche capitalina, estrada hizo el 1-0 en favor de los Embajadores promediando la primera mitad. Todos El Campín creía en goleada. Nacional se calmó, manejó los hilos del partido, no permitió más anotaciones azules y sobre el minuto 34 del segundo tiempo, tras una habilitación de León Villa, John Jairo Tréllez se las ingenió dentro del área para vencer a Goycochea. 1-1, eliminado Millonarios, Nacional dentro de los mejores 4 equipos del continente y a preparar la semifinal. Claro que antes Pimentel y compañía trataron de deslucir el triunfo verdolaga. Ya nada había que hacer. Inclusive en Millonarios había caballeros: “Doctor Maturana, fueron los mejores, ojalá ganen la Copa”. Las palabras no podían ser de otra persona que Arnoldo Iguarán.
Asomaba Danubio de Uruguay a quien se le sacaba un valioso empate en el Centenario de Montevideo a cero goles.Para el juego de regreso, como en el Atanasio Girardot ya se hacían remodelaciones de iluminación, el juego fue en tarde cívica decretada por el alcalde de entonces, fue a las 3:30 P.M un miércoles. Y una de las mejores orquestas verdolagas de la historia tocó esa tarde en el Atanasio cuando Nacional venció a los charrúas por un insólito 6-0 para una semifinal de Libertadores. La tarde de la consagración del “Palomo” Uzuriaga quien con 4 tantos se deslizó por la cornisa de los más grandes y catapultó a los verdes a su primera final de la historia nada más ni nada menos que contra el Decano paraguayo Olimpia.
El primer partido en el estadio Defensores del Chaco a pesar de Nacional haber jugado un partido notable, concluyó 2-0 en favor de los paraguayos. Todo el continente daba como campeón a Olimpia. Nacional no podía jugar la final en el Atanasio Girardot porque el estadio en ese entonces no contaba con la capacidad suficiente para albergar una Libertadores. Así las cosas, entre Pereira, Cali y Manizales, la escuadra verdolaga se decidió por la capital de la república para ser la casa verde del último juego de la Libertadores de 1989.
Entonces comenzó tal vez, la mejor historia del Atlético Nacional en su historia cuando desde Medellín se desplazaron más de3 30 mil hinchas verdes para presenciar la final ante Olimpia. El trasteo más grande de la historia del fútbol colombiano y quizás mundial, lo protagonizó la hinchada más popular de Colombia al enviar vía terrestre y aérea una flota de 30 mil personas incondicionales de la causa, y como en una Normandía contemporánea, pusieron al frente once corazones valientes que tenían como misión coronar el cerro más alto del balompié continental.
La noche en que El Campín pareció el Atanasio, será recordada por la carga emocional que le fue impregnada al espectáculo por ese ser imprevisible llamado fútbol. Quiso el destino que Nacional ganara el juego 2-0, el mismo marcador de Asunción, y que la lotería de los penales definiera al nuevo monarca. Y allí surgió la figura simbólica y emblemática del gran René Higuita, héroe perenne de los corazones verdolagas quien esa noche se colocó el disfraz de superhéroe y atajó todo para que Leonel Álvarez pudiera entregar, con el disparo número 18, el título y la gloria al aficionado verdolaga y al balompié criollo.
Francisco Maturana y sus muchachos lograban lo impensado. Higuita pasaba de ser futbolista a extraterrestre. Uzuriaga subía su cotización atn alto como su estatura. Y todos los aficionados verdolagas conocíamos por dentro la euforia futbolística. Ningún otro hincha en Colombia había sentido su corazón de esa forma. Nadie más conocía el pecho tan inflamado. Jamás un hincha al fútbol en nuestro país se había sentido tan orgulloso de su elección futbolera. Nacional era campeón de la Copa Libertadores de América. Y su pueblo también.
1990: Primera Interamericana
El campeón de la Libertadores anualmente debe disputar contra el campeón de la Concacaf la Copa Interamericana. Y para 1990 Nacional debió enfrentar en doble compromiso a ida y vuelta a los Pumas de México. En el partido en Medellín, los verdolagas vencieron 2-0 con goles del “Bendito” Fajardo y de Oscar Galeano. Para el partido de regreso, Nacional fue a la cancha de la Universidad Autónoma de México, la casa de los Pumas y lo goleó 4-1 mediante anotaciones de Jaime Arango en dos ocasiones y Rubén Darío Hernández (el otro fue autogol). Nacional extendía sus tentáculos vencedores a tierras lejanas y extrañas, coronaba su segundo título internacional, se hacía respetar la tradición de que casi siempre ganaba esa Copa el equipo suramericano que la disputara e incrementaba en sus vitrinas la categoría de su historia.
Casi los mismos jugadores que un año antes habían sumado el mayor logro del fútbol colombiano, repetían título, además de Ruben Darío Hernández, Omar Franco y Oscar Galeano. Ya no estaban René y Leonel, pero el equipo mantenía su regularidad y su firmeza.
1997: Copa InterAmericana
Atlético Nacional en 1995 fue subcampeón de la Copa Libertadores de América de la mano de Juan JoséPeláez. Y para 1996 debía disputarse la Copa Interamericana entre el campeón suramericano (Gremio de Porto Alegre) y el Deportivo Saprissa de Costa Rica. Ante la renuncia de los brasileros por jugar la Copa, Nacional como subcampeón representó el fútbol suramericano en un único juego realizado en la capital tica. Un 3-2 a favor de Nacional sentenció el tercer título internacional para la escuadra colombiana que aún tenía en Alexis García al capitán de las conquistas que nunca defraudó ni en las peores tormentas.
1998: La primera Merconorte
En una decisión absurda de la Confederación Suramericana de Fútbol, se acabó la Supercopa, evento que reunía a los campeones históricos de la Copa Libertadores en un torneo del segundo semestre de cada año, y se crearon la Merconorte y la Mercosur. La primera reunía equipos de Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela y Bolivia y la segunda de Brasil, Uruguay, Chile, Paraguay y Argentina. A los primeros se uniría luego México.
Así las cosas, Nacional era invitado a la primera Merconorte (el torneo era por incitación y al él se invitabaa los mejores equipos de cada país o los más grandes, es decir, Nacional, Cali, América y Millonarios por Colombia). Y la primera final de dicho torneo fue precisamente colombiana entre Nacional y Cali en partidos de ida y vuelta. Primero en Medellín Nacional derrotó a Cali por marcador de 3-1 y en Cali repitió la dosis esa vez por 1-0 para consagrarse por cuarta vez en su historia en el balompié internacional.
2000: Dos Merconorte
Para comienzos de siglo Nacional volvía a repetir en la Merconorte consagrándose como el único equipo campeón en dos ocasiones del torneo, en cuatro campeonatos de dicha índole que se realizaron obteniendo un valioso 50 % de rendimiento en dicho evento puesto que de cuatro que se jugaron los verdolagas celebraron en dos oportunidades.
La final esta vez fue contra Millonarios y también a doble juego en Medellín y Bogotá los verdes demostraban superioridad y se adjudicaban la quinta corona internacional de su historia demostrando que desde siempre los verdolagas son el equipo a mostrar por el fútbol colombiano en el exterior.
Ni el más creyente de los creyentes, con una mano en el corazón, pudo haberse imaginado que tan solo dos años y medios después de tomar la decisión de regresar a Atlético Nacional a la época de los puros criollos, el resultado se iba a observar a nivel internacional y no colombiano. Cuando se le confió el equipo a Francisco Maturana en 1987 por su buena actuación con el Caldas en 1986 en el torneo patrio, y se le permitió tener un equipo de solamente colombianos como Higuita, Herrera, Cortina, Molina, Escobar, Villa, Pérez, García, Fajardo, Tréllez, Castaño, Galeano y otros más, todos pensaban en que el proceso demoraría cinco o seis años, para ¡SER CAMPEONES DE COLOMBIA!
Y luego del subtítulo de 1988 y la posibilidad de participar en la Copa, nadie pensaba en el final feliz que terminó siendo esa versión copera, la número 40 de la historia denominada Copa “Revista El Gráfico” Libertadores de América. Porque para todos los aficionados verdolagas mayores de treinta y pico el hecho se convirtió en la panacea de sus vidas.
Poco a poco iban desfilando por el Atanasio Girardot los rivales. Y poco a poco caían miércoles tras miércoles. Los ecuatorianos Emelec y Deportivo Quito, Millonarios de Colombia, Racing de Avellaneda de Argentina, Danubio de Uruguay y Olimpia de Paraguay, este en Bogotá, vieron como la superioridad de los dirigidos por Francisco Maturana se llevaban para siempre la Copa y hacían delirar a una ciudad que nuevamente llenó dos estadios en menos de 15 horas, el propio y el de los rivales de ese tiempo, para demostrarle al continente que sí había quién ganara finales en Colombia, luego de 4 perdidas con los elencos del Valle.
Paso a paso, Nacional en primera ronda se enfrentó con Millonarios y los ecuatorianos. Tres empates en condición de visitantes (1-1 en Bogotá, 1-1 ante Emelec y 1-1 ante Deportivo Quito, le daban a Nacional la posibilidad de llegar a la segunda fase si conseguía al menos la mitad de sus puntos en casa, cosa que lograría al ganarle sus partidos a los ecuatorianos (2-1 a deportivo Quito y 3-1 a Emelec), sin importar la derrota 0-2 ante Millos.
En ese entonces pasaban los dos primeros equipos del cuadrangular y los verdes, al pasar de segundos, se enfrentaban con un ex campeón de la Libertadores en segunda ronda: Racing Club de Avellaneda en Argentina. Un 2-0 en el Atanasio mediante anotaciones de Tréllez y Villa, permitían ir al Cilindro Juan Domingo Perón de Avellaneda a manejar el partido. No era tan fácil porque los dirigidos por Alfio “El Coco” Basile por intermedio de Raúl Iglesias y Rubén Paz alcanzaron a igualar las acciones con un 2-0 que indicaba que la tortura de los penales estaba cerca. Claro que sobre el final del partido (min 39 del S.T) un puntazo de Felipe Pérez al ángulo superior izquierdo del “Pato” Fillol le entregaba el pase a Cuartos de Final al elenco colombiano. Sobre el final de ese partido, Basile fue visionario: “Nos ganó el campeón”.
Llegaba en Cuartos de Final el duelo de colombianos por disposición de la Conmebol que no permitía dos elencos de un mismo país en semifinales. Por eso verdolagas y azules se sacaron chispas en esos 180 minutos de juego en Medellín y Bogotá. El primer duelo en el Atanasio Girardot terminó con un cerrado 1-0 en favor de Nacional gracias a un tanto marcado por Albeiro Uzuriaga. Y cuando toda la prensa del país decía que en Bogotá Millonarios iba a triturar a Nacional por el demoledor ataque tenía (Iguarán, Juárez, Hernández y estrada), un 1-1 final le entregó el pase a semifinales al cuadro verdolaga. Esa noche capitalina, estrada hizo el 1-0 en favor de los Embajadores promediando la primera mitad. Todos El Campín creía en goleada. Nacional se calmó, manejó los hilos del partido, no permitió más anotaciones azules y sobre el minuto 34 del segundo tiempo, tras una habilitación de León Villa, John Jairo Tréllez se las ingenió dentro del área para vencer a Goycochea. 1-1, eliminado Millonarios, Nacional dentro de los mejores 4 equipos del continente y a preparar la semifinal. Claro que antes Pimentel y compañía trataron de deslucir el triunfo verdolaga. Ya nada había que hacer. Inclusive en Millonarios había caballeros: “Doctor Maturana, fueron los mejores, ojalá ganen la Copa”. Las palabras no podían ser de otra persona que Arnoldo Iguarán.
Asomaba Danubio de Uruguay a quien se le sacaba un valioso empate en el Centenario de Montevideo a cero goles.Para el juego de regreso, como en el Atanasio Girardot ya se hacían remodelaciones de iluminación, el juego fue en tarde cívica decretada por el alcalde de entonces, fue a las 3:30 P.M un miércoles. Y una de las mejores orquestas verdolagas de la historia tocó esa tarde en el Atanasio cuando Nacional venció a los charrúas por un insólito 6-0 para una semifinal de Libertadores. La tarde de la consagración del “Palomo” Uzuriaga quien con 4 tantos se deslizó por la cornisa de los más grandes y catapultó a los verdes a su primera final de la historia nada más ni nada menos que contra el Decano paraguayo Olimpia.
El primer partido en el estadio Defensores del Chaco a pesar de Nacional haber jugado un partido notable, concluyó 2-0 en favor de los paraguayos. Todo el continente daba como campeón a Olimpia. Nacional no podía jugar la final en el Atanasio Girardot porque el estadio en ese entonces no contaba con la capacidad suficiente para albergar una Libertadores. Así las cosas, entre Pereira, Cali y Manizales, la escuadra verdolaga se decidió por la capital de la república para ser la casa verde del último juego de la Libertadores de 1989.
Entonces comenzó tal vez, la mejor historia del Atlético Nacional en su historia cuando desde Medellín se desplazaron más de3 30 mil hinchas verdes para presenciar la final ante Olimpia. El trasteo más grande de la historia del fútbol colombiano y quizás mundial, lo protagonizó la hinchada más popular de Colombia al enviar vía terrestre y aérea una flota de 30 mil personas incondicionales de la causa, y como en una Normandía contemporánea, pusieron al frente once corazones valientes que tenían como misión coronar el cerro más alto del balompié continental.
La noche en que El Campín pareció el Atanasio, será recordada por la carga emocional que le fue impregnada al espectáculo por ese ser imprevisible llamado fútbol. Quiso el destino que Nacional ganara el juego 2-0, el mismo marcador de Asunción, y que la lotería de los penales definiera al nuevo monarca. Y allí surgió la figura simbólica y emblemática del gran René Higuita, héroe perenne de los corazones verdolagas quien esa noche se colocó el disfraz de superhéroe y atajó todo para que Leonel Álvarez pudiera entregar, con el disparo número 18, el título y la gloria al aficionado verdolaga y al balompié criollo.
Francisco Maturana y sus muchachos lograban lo impensado. Higuita pasaba de ser futbolista a extraterrestre. Uzuriaga subía su cotización atn alto como su estatura. Y todos los aficionados verdolagas conocíamos por dentro la euforia futbolística. Ningún otro hincha en Colombia había sentido su corazón de esa forma. Nadie más conocía el pecho tan inflamado. Jamás un hincha al fútbol en nuestro país se había sentido tan orgulloso de su elección futbolera. Nacional era campeón de la Copa Libertadores de América. Y su pueblo también.
1990: Primera Interamericana
El campeón de la Libertadores anualmente debe disputar contra el campeón de la Concacaf la Copa Interamericana. Y para 1990 Nacional debió enfrentar en doble compromiso a ida y vuelta a los Pumas de México. En el partido en Medellín, los verdolagas vencieron 2-0 con goles del “Bendito” Fajardo y de Oscar Galeano. Para el partido de regreso, Nacional fue a la cancha de la Universidad Autónoma de México, la casa de los Pumas y lo goleó 4-1 mediante anotaciones de Jaime Arango en dos ocasiones y Rubén Darío Hernández (el otro fue autogol). Nacional extendía sus tentáculos vencedores a tierras lejanas y extrañas, coronaba su segundo título internacional, se hacía respetar la tradición de que casi siempre ganaba esa Copa el equipo suramericano que la disputara e incrementaba en sus vitrinas la categoría de su historia.
Casi los mismos jugadores que un año antes habían sumado el mayor logro del fútbol colombiano, repetían título, además de Ruben Darío Hernández, Omar Franco y Oscar Galeano. Ya no estaban René y Leonel, pero el equipo mantenía su regularidad y su firmeza.
1997: Copa InterAmericana
Atlético Nacional en 1995 fue subcampeón de la Copa Libertadores de América de la mano de Juan JoséPeláez. Y para 1996 debía disputarse la Copa Interamericana entre el campeón suramericano (Gremio de Porto Alegre) y el Deportivo Saprissa de Costa Rica. Ante la renuncia de los brasileros por jugar la Copa, Nacional como subcampeón representó el fútbol suramericano en un único juego realizado en la capital tica. Un 3-2 a favor de Nacional sentenció el tercer título internacional para la escuadra colombiana que aún tenía en Alexis García al capitán de las conquistas que nunca defraudó ni en las peores tormentas.
1998: La primera Merconorte
En una decisión absurda de la Confederación Suramericana de Fútbol, se acabó la Supercopa, evento que reunía a los campeones históricos de la Copa Libertadores en un torneo del segundo semestre de cada año, y se crearon la Merconorte y la Mercosur. La primera reunía equipos de Colombia, Perú, Ecuador, Venezuela y Bolivia y la segunda de Brasil, Uruguay, Chile, Paraguay y Argentina. A los primeros se uniría luego México.
Así las cosas, Nacional era invitado a la primera Merconorte (el torneo era por incitación y al él se invitabaa los mejores equipos de cada país o los más grandes, es decir, Nacional, Cali, América y Millonarios por Colombia). Y la primera final de dicho torneo fue precisamente colombiana entre Nacional y Cali en partidos de ida y vuelta. Primero en Medellín Nacional derrotó a Cali por marcador de 3-1 y en Cali repitió la dosis esa vez por 1-0 para consagrarse por cuarta vez en su historia en el balompié internacional.
2000: Dos Merconorte
Para comienzos de siglo Nacional volvía a repetir en la Merconorte consagrándose como el único equipo campeón en dos ocasiones del torneo, en cuatro campeonatos de dicha índole que se realizaron obteniendo un valioso 50 % de rendimiento en dicho evento puesto que de cuatro que se jugaron los verdolagas celebraron en dos oportunidades.
La final esta vez fue contra Millonarios y también a doble juego en Medellín y Bogotá los verdes demostraban superioridad y se adjudicaban la quinta corona internacional de su historia demostrando que desde siempre los verdolagas son el equipo a mostrar por el fútbol colombiano en el exterior.
Titulos

1954: El bautizo
Corría el año de 1954 y se desarrollaba apenas el séptimo campeonato de fútbol colombiano. Ya habían sido campeones Santa Fe, Caldas, y Millonarios, este último en 4 oportunidades y llegaba el año verdolaga. De la mano de Humberto “Turrón” Álvarez, el cuadro verdolaga vencía a Independiente Medellín 1-0 en la última fecha y daba la vuelta olímpica frente a su tradicional rival.El torneo arrancaba de la mejor forma para los dirigidos por el argentino Fernando Paternóster. Las primeras 16 fechas del campeonato, los verdolagas estuvieron invictos, hasta el partido contra Boca Juniors donde se perdió el juego, no el destino. Se trataba de la única derrota del campeón en ese año.
Y con “Turrón” jugaban algunos ídolos inolvidables del firmamento verdolaga como Gabriel Mejía, Ulises Terra, Atilio Miotti (primer extranjero en la historia de Nacional), Hernán Escobar, Nicolás Gianastasio, Ignacio Calle, Domingo Alberto Pepe, Miguel Angel Zazzini, Casimiro Avalos, y el goleador Carlos Gambina quien con 21 tantos llevó a Nacional a la cúspide del torneo patrio por primera vez en la historia. Era también la primera ocasión en que un jugador verdolaga quedaba como cañonero del rentado. De esta forma el Atlético Nacional hacía su bautizo como campeón del fútbol colombiano. Ya todos sabemos que luego vendrían los demás sacramentos del principal equipo colombiano de todos los tiempos.
1973: Caía el viacrusis
Luego de una sequía de 19 años que amagaba infinita, Atlético Nacional conquistaba su segundo campeonato bajo las órdenes de César López Fretes. Se trataba de un equipo que priorizó el trato de la pelota y el juego fluido como mecanismos de triunfo. Y desde aquellas épocas el paladar del hincha verdolaga se convirtió en el gusto por el buen fútbol, por el buen trato de la pelota y por la perfecta elaboración de jugadas ataque para ganar y gustarle a la gente.
Era un equipo que ganaba en cualquier cancha. Tenía experiencia en sus jugadores, jerarquía en sus líderes, astucia en sus individualidades y potencia en su columna vertebral. Por donde se mirara a ese equipos, estaba dos escalones más arriba que el resto de sus oponentes y por eso consiguió no solo el título, sino que por primera vez en nuestra historia, lo hizo por fuera de Medellín y en un reducto ingobernable como el Pascual Guerrero de Cali. Tonificaban una linda historia para Nacional: ganar en cualquier latitud, y ante cualquier camiseta.
Y no era para menos. Con solo mencionar los nombres de aquella gesta, el lector de estas letras debería sacarse el sombrero: Gerardo Moncada, Gilberto Salgado, Tito Gómez, Abel Álvarez, Francisco Maturana, Teofilo Campaz, Víctor Campaz, Hugo Horacio Lóndero, Raúl Navarro, Jorge Hugo Fernández y Gustavo Santa. De pie señores.
Nacional conquistaba el título el domingo 16 de diciembre gracias a un triunfo en Cali ante Deportivo Cali con gol de título para Hugo Horacio Lóndero a los 20 minutos de la parte complementaria. Por primera y única vez en la historia el cuadro verdolaga daba la vuelta en el estadio Pascual Guerrero. Se terminaban casi dos décadas de sufrimiento. 20 años infames para el sentimiento verdolaga que a partir de esa fecha nunca dejó de celebrar.
1976: La triple corona
Manizales se convertía en el epicentro de un nuevo festejo verdolaga gracias a que en el estadio Palogrande los verdolagas derrotaban a Caldas 2-0 (El primero de Jorge Ortíz y el segundo de Eduardo Emilio Vilarete). Tan solo habían pasado 3 años del segundo título y el hincha verdolaga se acostumbraba a festejar seguido. Gracias, especialmente, a la mística que le imprimió al equipo (y al fútbol colombiano) un sabio llegado de argentina para dirigir al campeón: Oswaldo Juan Zubeldía.
“El Troesma” llegó en agosto a Nacional, lo encontró del décimo puesto para atrás, le descubrió las debilidades, le potenció las virtudes y en cuatro meses lo sacó campeón. Un grande en toda la dimensión de la palabra. Como lo necesitaba Atlético Nacional para pulir su historia. Como lo requería la historia verdolaga.
Nombres como los de Jorge Ortiz, Eduardo Julián Retat, Jorge Olmedo, Gerardo Moncada, Francisco Maturana, Iván Darío Castañeda, Eduardo Emilio Vilarete, Gilberto Salgado, Ramón César Bóveda, Hugo Horacio Lóndero, Raúl Navarro yy Jorge Peláez nunca serán olvidados por los aficionados verdolagas, especialmente aquellos nacidos entre 1960 y 1970. Porquer fueron ellos lo que tuvieron la fortuna de observar a uno de los mejores nacionales de todos los tiempos. Y para la historia registraron un hecho sin precedentes en el fútbol colombiano: en menos de 18 horas llenaron dos estadios, uno el Palogrande en Manizales el día del título, y dos el Atanasio Girardot para ovacionar a los campeones el lunes siguiente. Y si a eso se le suma que también se abarrotaron en el aeropuerto Enrique Olaya Herrera, podemos decir a ciencia cierta que desde hace mucho tiempo, Atlético Nacional es el club más popular del fútbol patrio.
1981: Tetracampeón
De la mano nuevamente del sabio argentino Oswaldo Juan Zubeldía, Atlético Nacional conquistaba su cuarta estrella colombiana y comenzaba a erigirse en uno de los más grandes clubes del fútbol patrio. Con su sabia conducción, el cuadro verdolaga sepultó a todos sus rivales en el cuadrangular final y ni Junior, ni América ni Tolima pudieron acercársele siquiera en la lucha por el título.
Con jugadores inolvidables como César Cueto, Hernán Darío Herrera y Lorenzo Carrabs, además de Pedro Sarmiento, Héctor Dragonetti, Guillermo La Rosa, Luis Fernando López, Carlos Maya, Víctor Luna y Eduardo Vilarete, más el famoso “Kinder de Zubeldía”, que era el mote con que nombraban a los jóvenes talentos verdolagas que apenas hacían sus primero pinitos en el fútbol colombiano como Norberto Peluffo, Carlos Ricaurte, Gabriel Jaime Gómez y otros más, los verdes llegaban al olimpo del balompié nacional y los miraban a todos desde arriba.
Gracias a una victoria 1-0 ante América de Cali en el Atanasio Girardot, mediante gol de cabeza de Pedro Juan Ibagüen ante cobro de tiro de esquina de César Cueto, los verdolagas sacaron a pasear el carro de bomberos por toda la ciudad que enloquecida vitoreó a sus ídolos. Para la historia quedó registrada la pierna izquierda del mejor jugador que se ha vestido de verde: César Cueto.
1991: Solo colombianos
La mejor década de la historia comenzaba con Hernán Darío Gómez posesionado como técnico verdolaga. Y con él como guía de puros colombianos, Nacional alcanzaba su quinta corona, primera vez que solamente jugadores nacionales alcanzaban tal logro en la historia. “Bolillo” le impuso temple y personalidad al equipo y Nacional, que a seis fechas del octogonal estaba eliminado, puso garra y coraje para encasillar 18 fechas históricas que terminaron con la coronación luego de dos cuadrangulares complicados.
Con jugadores de la talla de Andrés Escobar, Giovannis Cassiani, Diego Osorio, León Villa, Luis Fernando Herrera, Omar Franco, Gabriel Jaime Gómez, Ricardo Pérez, Mauricio Serna, Alexis García, Luis Alfonso Fajardo, John Jairo Tréllez, Rubén Darío Hernández, más la exquisita aparición de la dupla más recordada de la historia de Nacional conformada nada ni nada menos que por Faustino Asprilla y Víctor Hugo Aristizábal, los verdes se ceñían una nueva corona al escudo y catapultaban la alegría de le gente que festejó el título sin parar.
Merced a una victoria por marcador de 2-1, nuevamente ante América de Cali, y gracias a dos anotaciones conseguidas por Alexis García de penalti y Luis Alfonso Fajardo de soberbio disparo, se pudo voltear un marcador adverso a favor de América y despedir el año con un nuevo título que tiene precisión calendaria en el 20 de diciembre de 1991. Si a todo esto se le suma que con esto se despidió al doctor Gabriel Ochoa Uribe de la dirección técnica en el fútbol, el logro trasciende aún más. Nacional era pentacampeón. Su pueblo no paraba de celebrar.
1994: El título de René
Ya Atlético Nacional no tenía la constelación de estrellas de años anteriores. El grupo se había mermado en calidad y en cantidad. Habían salido Francisco Maturana y Hernán Darío Gómez de su seno hacia la Selección Colombia y las riendas del equipo las había agarrado el jericoano Juan José Peláez. Nacional no despertaba favoritismos de nadie. Interiormente, el equipo sabía a qué jugaba.
Poco a poco se fue conformando una nómina interesante. Y Nacional iniciaba con pie derecho su participación. Campeón del torneo Apertura, del Finalización, del primer cuadrangular y del segundo cuadrangular, hecho que solamente había realizado en una ocasión América de Cali. Los verdes ganaron todo lo que jugaron y se coronaron campeones el 19 de diciembre de 1994 gracias a un gol agónico de Juan Pablo Ángel ante Medellín.
Y entre los monstruos de aquella faena estaba nada más ni nada menos que René Higuita quien conseguía su único título colombiano luego de pasar un año tras las rejas, soportar la muerte dolorosa de Andrés Escobar, observar el retiro por amenazas de Gabriel Jaime Gónez y regresar para decir que era el mejor. Además de él, estaban Nixon Perea, Víctor Marulanda, Edgar Cataño, Víctor Aristizábal, Alex Comas, Daladier Ceballos, Luis Fernando Herrera, Mauricio Serna, Alexis García, José Fernando Santa y Alirio Serna, entre otros.
Nacional bajaba del firmamento su sexta corona, la colgaba del escudo y acostumbraba a sus feligreses a celebrar a menudo. Nuevamente con solo colombianos, los verdolagas daban la vuelta olímpica frente a sus seguidores y sus rivales, y se mimetizaba de leyenda.
1999: De nuevo ante América
Otra vez un 20 de diciembre, Atlético Nacional se coronaba campeón del fútbol colombiano. Otra vez ante América de Cali, los verdes daban una vuelta olímpica. Por séptima vez en 42 torneos patrios, el cuadro verdolaga terminaba como campeón, esta vez de la mano de Luis Fernando Suárez quien agarraba al equipo en agosto (primero estaba el argentino Reinaldo Merlo quien por su fútbol defensivo no conquistó al aficionado verdolaga) y lo sacaba campeón en diciembre.
Ya no existía la definición de cuadrangular todos contra todos sino que el campeón de junio se enfrentaba al campeón del Finalización. Y el campeón del torneo del segundo semestre fue Nacional, quien en una final apretada ante Independiente Medellín lo derrotó por marcador de 1-0 mediante tanto conseguido por Wílmer Ortegón, apeó a su tradicioonal rival de la final y ante América de Cali a partidos de ida y vuelta logró la séptima coronación de la historia.
El primer partido en Cali concluyó igualado a un gol y el tanto del empate providencial lo conquistó Oswaldo Mackenzie sobre la hora en el partido en el Pascual que tuvo en Miguel Calero al protagonista del partido en una jugada en la que “El Tigre” Castillo lo desbordaba para anotar el segundo tanto y el portero verdolaga lo derribaba fuera del área para ser expulsado. De no haberlo hecho, el tíutulo se quedaba en Cali.
Aparte de Calero, estaban jugadores como Robinson Martínez, Wílmer Ortegón, Ever Palacios, Pedro Álvarez, Víctor Marulanda, Leiner Orejuela, Alex Comas, Dúmar Rueda, Carlos Castro, Lucio España, Henry Zambrano y otros más. Todos ellos se encargaron al final del siglo de entregarle la corona al conjunto más representativo del balompié nacional en el siglo que se marchaba para siempre. Juntos, arañaron parte del espacio sideral y bajaron otro lucero para el escudo verdolaga.
2005-I: Héroes de leyenda
En 2005 Atlético Nacional repetía vuelta olímpica y convertía aa dos de sus jugadores históricos en héroes de leyenda puesto que ambos se convertían en los únicos futbolistas que pasaron por el club y le dejaron 3 títulos colombianos: Mauricio Serna y Víctor Hugo Aristizábal.
Ellos en compañía del argentino Hugo Morales, el venezolano Jorge Rojas, más Aquivaldo Mosquera, Humberto Mendoza, Andrés Saldarriaga, Camilo Zuñiga, Felipe Chará, Héctor Hurtado, Edixon Perea, José Amaya, Jair Rambal, Oscar Echeverry y Carlos Díaz, entre otros, llevaron al éxtasis a la afición más popular de Colombia y posibilitaron un carnaval sin precedentes en el país. Esa noche de junio de 2005 la ciudad enloqueció y el carnaval se presentó en cuanto sitio y esquina existiera en Medellín.
Bajo la sabia conducción de Santiago Escobar y Juan Jairo Galeano, Nacional llegaba a ocho coronas nacionales, se acercaba a América con doce y Millonarios con trece y lograba enterrar dos finales perdidas de forma consecutiva que herían profundamente el sentimiento verdolaga. La final contra Santa Fe fue una prueba fehaciente de la grandeza que había alcanzado el club puesto que para la final, por suspensiones y lesiones, los verdes no pudieron contar con siete jugadores titulares (Chará, expulsado en el 0-0 del partido de ida en Bogotá, Perea y Rojas por lesión, y Amaya, Hurtado, Mendoza y Mosquera por sanción) y con cinco elementos de los reservistas (Juan Carlos Mosquera, Hugo Soto, Robinson Muñoz, Carlos Álvarez, Cristian Marrugo) venció a un Santa Fe timorato que quería los penaltis para llevarse la gloria pero que a falta de 10 minutos para el final del partido se le complicó el destino cuando Carlos Díaz y Oscar Echeverry le entregaron a Nacional una nueva felicidad, la octava en su historia al embocar en el mismo arco de las alegrías del 99 y el 91, una nueva estrella patria.
2007-I: Se adelantó la novena
Usted, que todavía anda en celebraciones: ¿recuerda cómo inició esta historia? Pocos creen que fue desde diciembre en los días en que se elegía el equipo. Y la verdad es que fue ahí, aunque ya lo haya eyectado de la memoria. Quintabani se sabía capaz y fue el fogonero de la maquinaria. Y en ese entonces estuvo tan sereno como el domingo del infierno y la consagración. Desde antes había sido el artífice, en compañía del Presidente Víctor Hugo Marulanda Velásquez, del cambio que trascendía los maquillajes ocasionales de un torneo nuevo en disputa. Expuso sus ideas y comenzó a diferenciarse de sus antecesores.
Se hizo amigo de los jugadores. Pero con rasgos de humildad y de colectividad como no permitir que los futbolistas llegaran por separado a los entrenamientos, sino todos juntos en el bus desde la sede administrativa. Sitio en donde todo el personal se encargaba de motivar diariamente a los jugadores, inyectándole a cada uno, ese toque de clima laboral perfecto que se vive por estos meses en la institución. El primer round estaba ganado. Su mensaje fue bien recibido, y pudo aposentarse en el escalón de confiabilidad y respeto que deben tener los guías naturales. Por eso se convirtió en un trasmisor de ideas desde la sugerencia. Convencido y convincente.
Y con esos ingredientes pudo armar un equipo que siempre supimos a qué jugaba. A ser generoso y solidario con el espectáculo. A progresar por abajo, a dejarse tentar por las triangulaciones. A agradar a la tribuna gracias a la forma en que se conquistaban los goles. A sorprender con el cambio de ritmo y las llegadas por el costado diferente a por donde se iniciaban las jugadas. A perforar por afuera y rematar desde adentro.
Y gracias a que Nacional no se traicionó durante el semestre, ni siquiera cuando las cartas llegaron mal barajadas tras la derrota en Armenia y el empate en el minuto 93 contra Pasto de local, se pudo llegar con fe al ascenso del rendimiento. Aquél lejano día de la fiesta de los 60 años contra América, cuando a pesar de tres lesiones (Galván, Murillo y Echeverri) Nacional ganó 4-0 y disparó su convicción. Y la feligresía.
Hasta llegar al día de los globos, las banderas y el éxtasis. La tarde-noche de los extintores, el papel picado, los gorros y algunas bengalas. Unos chorizos verdes y blancos que transformaron las tribunas del Atanasio en una pancarta verdolaga. Hasta que el temblor contagioso de las 17:21 del domingo 17 de junio nos invadió a todos, cuando Víctor Aristizábal asomó su cabeza por el túnel encabezando la última fila triunfal, hasta la fecha, de Atlético Nacional en su historia.
La historia dirá que apenas sobre la hora Nacional redondeó el título con el gol épico de Diego Toro que ya está en la videoteca de todo el pueblo verde. Seguramente no tendrá memoria para indicar que en los últimos 20 minutos Nacional se arrimó con peligro de gol en 8 ocasiones, mientras el Huila solamente llegó una vez. La ansiedad, la presión y la sed de leyenda no permitían ni pensar ni tener paciencia. El partido era para haberlo definido mucho antes. Por esas cosas del fútbol, solamente se pudo hacer a falta de 3 minutos para el final. Espacio pequeño para comenzar a festejar en grande. Para levantar la copa y brindar por tantas y tantas cosas.
Pero sobre todo por entender que no alcanzaba con saberse el mejor como en muchas ocasiones, sino que había que demostrarlo. Por ganar tres puntos cuando no había méritos para ganarlos, demostrando que la mística es propia de nuestra historia. Como antes, los partidos cerrados se resolvieron favorablemente, entregando ese plus de antaño que hacía que los hinchas fueran tranquilos a cualquier latitud. Por eso se instalaron en el escalón de las deidades verdolagas. Porque acaban de ingresar al hall de la fama labrando una bella historia. Nacional campeón 2007. De aquí a la eternidad.
2007 II: Por fin Bicampeones
Atlético Nacional en el semestre fue un equipo infartante cuando Carmelo explotaba, Aristizábal se enchufaba y Aldo Ramírez tenía juego armónico. Hay un axioma del deporte que es hasta más viejo que el fútbol: cuando se juntan los que saben, se potencian los rendimientos. Y eso sucedió con Nacional 2007. El cuadro que hizo delirar a su afición con la consecución del primer bicampeonato de su historia y de la historia de los torneos cortos en nuestro país.Luego de casi cabalgar el torneo regular con 38 puntos de 54 posibles, llegaron los cuadrangulares que comenzaron de la peor forma: Aristizábal lesionado el resto de su carrera deportiva y gol para el triunfo de Galván en clara posición adelantada que comenzó a tejer cualquier tipo de historias en contra de Nacional. Las telarañas obviamente las ponían los rivales, especialmente la prensa caleña y bogotana que se resistían a ver otra coronación nacionalista. Pero nunca tuvieron en cuenta que si a Nacional le dieron, también le quitaron. ¿O acaso escucharon a alguien decir que antes del gol de Galván hubo penalti de Vanegas sobre Muñoz? Ninguno. La influencia de la suerte es igual a la de los árbitros: hoy te hace perder, mañana ganar. Lo que pasa con la suerte es que hay que buscarla al frente con criterio y no esperar a que favorezca atrás encerrados. Ahora, cuando se lesionó Aristizábal y los rivales creyeron que Nacional se venía abajo, el cuadro verdolaga dejó su impronta, ratificó su método, recreó su búsqueda y pateó el tablero de aquellos que sospechaban que el gigante iba a ser fisurado por el peso de las circunstancias adversas. Se equivocaron.Nacional acostumbró a las Empresas Varias de Medellín a recoger la grandeza del club cada que concluye un semestre. Y toca agradecer porque nos tocó ser aficionados de un equipo en cuya paleta de colores no existen los grises. Todo es arco iris. Concluyó un año que no merece esta crónica sino que merece un canto. Y todos los hinchas decimos que la alegría la sentimos en el alma. Y es muy probable que la definición no resulte estrictamente académica. Ni nada técnica. Pero es rigurosamente exacta.Todos estamos soñando el mejor sueño que nos podamos imaginar: el de la mágica realidad. Y se recuerda la fiesta de toda esa gente verdolaga a la que para dar todo les alcanza con casi nada. Por eso envolvieron en cuestión de 72 horas, dos estadios en un óvalo en populares, preferencias y orientales, con la pintura espectacular de los colores vigentes: el verde y el blanco. Y ahí es donde uno piensa que en la calle dicen que la barra de Nacional es la mejor. Pero se quedan cortos. Los hinchas están hoy por hoy con tanta gloria conjunta, motorizados a alentar en una especie de reflejo condicionado del fisiólogo Iván Pavlov, es decir, juega Nacional, hay que gritar.Los gritos estaban cargados de felicidad y solo los escuchaba Dios. El único que escucha cuando habla el alma. Un equipo es una fuerza colectiva confiable, inteligente, sólida, equilibrada y capaz de imponer sus virtudes individuales aún en los pasajes desfavorables, mientras que un equipo inmaduro se equivoca donde no lo debe hacer (en las dos áreas), duda, se deja ganar por la inseguridad y no sabe como monitorear o poner en órbita un partido que viene torcido o se presenta complejo. Por eso tantos festejos en 2007. Nacional no ha necesitado un maquinista de emergencia porque la locomotora nunca estuvo fuera de control. Ese equipo recuperó la auténtica mística verdolaga de ir tranquilo a cualquier cancha. Porque ganó partidos que venían torcidos como el de Cúcuta. Y por eso la afición de Nacional se mimetizó con una de las más impresionantes óperas de gratitud a sus colores y a sus jugadores en ese 19 de diciembre que entró en la memoria de todos. NACIONAL BICAMPEÓN. Pucha, ¡qué lindo suena! ¡¡¡ NACIONAL BICAMPEÓN!!!
Corría el año de 1954 y se desarrollaba apenas el séptimo campeonato de fútbol colombiano. Ya habían sido campeones Santa Fe, Caldas, y Millonarios, este último en 4 oportunidades y llegaba el año verdolaga. De la mano de Humberto “Turrón” Álvarez, el cuadro verdolaga vencía a Independiente Medellín 1-0 en la última fecha y daba la vuelta olímpica frente a su tradicional rival.El torneo arrancaba de la mejor forma para los dirigidos por el argentino Fernando Paternóster. Las primeras 16 fechas del campeonato, los verdolagas estuvieron invictos, hasta el partido contra Boca Juniors donde se perdió el juego, no el destino. Se trataba de la única derrota del campeón en ese año.
Y con “Turrón” jugaban algunos ídolos inolvidables del firmamento verdolaga como Gabriel Mejía, Ulises Terra, Atilio Miotti (primer extranjero en la historia de Nacional), Hernán Escobar, Nicolás Gianastasio, Ignacio Calle, Domingo Alberto Pepe, Miguel Angel Zazzini, Casimiro Avalos, y el goleador Carlos Gambina quien con 21 tantos llevó a Nacional a la cúspide del torneo patrio por primera vez en la historia. Era también la primera ocasión en que un jugador verdolaga quedaba como cañonero del rentado. De esta forma el Atlético Nacional hacía su bautizo como campeón del fútbol colombiano. Ya todos sabemos que luego vendrían los demás sacramentos del principal equipo colombiano de todos los tiempos.
1973: Caía el viacrusis
Luego de una sequía de 19 años que amagaba infinita, Atlético Nacional conquistaba su segundo campeonato bajo las órdenes de César López Fretes. Se trataba de un equipo que priorizó el trato de la pelota y el juego fluido como mecanismos de triunfo. Y desde aquellas épocas el paladar del hincha verdolaga se convirtió en el gusto por el buen fútbol, por el buen trato de la pelota y por la perfecta elaboración de jugadas ataque para ganar y gustarle a la gente.
Era un equipo que ganaba en cualquier cancha. Tenía experiencia en sus jugadores, jerarquía en sus líderes, astucia en sus individualidades y potencia en su columna vertebral. Por donde se mirara a ese equipos, estaba dos escalones más arriba que el resto de sus oponentes y por eso consiguió no solo el título, sino que por primera vez en nuestra historia, lo hizo por fuera de Medellín y en un reducto ingobernable como el Pascual Guerrero de Cali. Tonificaban una linda historia para Nacional: ganar en cualquier latitud, y ante cualquier camiseta.
Y no era para menos. Con solo mencionar los nombres de aquella gesta, el lector de estas letras debería sacarse el sombrero: Gerardo Moncada, Gilberto Salgado, Tito Gómez, Abel Álvarez, Francisco Maturana, Teofilo Campaz, Víctor Campaz, Hugo Horacio Lóndero, Raúl Navarro, Jorge Hugo Fernández y Gustavo Santa. De pie señores.
Nacional conquistaba el título el domingo 16 de diciembre gracias a un triunfo en Cali ante Deportivo Cali con gol de título para Hugo Horacio Lóndero a los 20 minutos de la parte complementaria. Por primera y única vez en la historia el cuadro verdolaga daba la vuelta en el estadio Pascual Guerrero. Se terminaban casi dos décadas de sufrimiento. 20 años infames para el sentimiento verdolaga que a partir de esa fecha nunca dejó de celebrar.
1976: La triple corona
Manizales se convertía en el epicentro de un nuevo festejo verdolaga gracias a que en el estadio Palogrande los verdolagas derrotaban a Caldas 2-0 (El primero de Jorge Ortíz y el segundo de Eduardo Emilio Vilarete). Tan solo habían pasado 3 años del segundo título y el hincha verdolaga se acostumbraba a festejar seguido. Gracias, especialmente, a la mística que le imprimió al equipo (y al fútbol colombiano) un sabio llegado de argentina para dirigir al campeón: Oswaldo Juan Zubeldía.
“El Troesma” llegó en agosto a Nacional, lo encontró del décimo puesto para atrás, le descubrió las debilidades, le potenció las virtudes y en cuatro meses lo sacó campeón. Un grande en toda la dimensión de la palabra. Como lo necesitaba Atlético Nacional para pulir su historia. Como lo requería la historia verdolaga.
Nombres como los de Jorge Ortiz, Eduardo Julián Retat, Jorge Olmedo, Gerardo Moncada, Francisco Maturana, Iván Darío Castañeda, Eduardo Emilio Vilarete, Gilberto Salgado, Ramón César Bóveda, Hugo Horacio Lóndero, Raúl Navarro yy Jorge Peláez nunca serán olvidados por los aficionados verdolagas, especialmente aquellos nacidos entre 1960 y 1970. Porquer fueron ellos lo que tuvieron la fortuna de observar a uno de los mejores nacionales de todos los tiempos. Y para la historia registraron un hecho sin precedentes en el fútbol colombiano: en menos de 18 horas llenaron dos estadios, uno el Palogrande en Manizales el día del título, y dos el Atanasio Girardot para ovacionar a los campeones el lunes siguiente. Y si a eso se le suma que también se abarrotaron en el aeropuerto Enrique Olaya Herrera, podemos decir a ciencia cierta que desde hace mucho tiempo, Atlético Nacional es el club más popular del fútbol patrio.
1981: Tetracampeón
De la mano nuevamente del sabio argentino Oswaldo Juan Zubeldía, Atlético Nacional conquistaba su cuarta estrella colombiana y comenzaba a erigirse en uno de los más grandes clubes del fútbol patrio. Con su sabia conducción, el cuadro verdolaga sepultó a todos sus rivales en el cuadrangular final y ni Junior, ni América ni Tolima pudieron acercársele siquiera en la lucha por el título.
Con jugadores inolvidables como César Cueto, Hernán Darío Herrera y Lorenzo Carrabs, además de Pedro Sarmiento, Héctor Dragonetti, Guillermo La Rosa, Luis Fernando López, Carlos Maya, Víctor Luna y Eduardo Vilarete, más el famoso “Kinder de Zubeldía”, que era el mote con que nombraban a los jóvenes talentos verdolagas que apenas hacían sus primero pinitos en el fútbol colombiano como Norberto Peluffo, Carlos Ricaurte, Gabriel Jaime Gómez y otros más, los verdes llegaban al olimpo del balompié nacional y los miraban a todos desde arriba.
Gracias a una victoria 1-0 ante América de Cali en el Atanasio Girardot, mediante gol de cabeza de Pedro Juan Ibagüen ante cobro de tiro de esquina de César Cueto, los verdolagas sacaron a pasear el carro de bomberos por toda la ciudad que enloquecida vitoreó a sus ídolos. Para la historia quedó registrada la pierna izquierda del mejor jugador que se ha vestido de verde: César Cueto.
1991: Solo colombianos
La mejor década de la historia comenzaba con Hernán Darío Gómez posesionado como técnico verdolaga. Y con él como guía de puros colombianos, Nacional alcanzaba su quinta corona, primera vez que solamente jugadores nacionales alcanzaban tal logro en la historia. “Bolillo” le impuso temple y personalidad al equipo y Nacional, que a seis fechas del octogonal estaba eliminado, puso garra y coraje para encasillar 18 fechas históricas que terminaron con la coronación luego de dos cuadrangulares complicados.
Con jugadores de la talla de Andrés Escobar, Giovannis Cassiani, Diego Osorio, León Villa, Luis Fernando Herrera, Omar Franco, Gabriel Jaime Gómez, Ricardo Pérez, Mauricio Serna, Alexis García, Luis Alfonso Fajardo, John Jairo Tréllez, Rubén Darío Hernández, más la exquisita aparición de la dupla más recordada de la historia de Nacional conformada nada ni nada menos que por Faustino Asprilla y Víctor Hugo Aristizábal, los verdes se ceñían una nueva corona al escudo y catapultaban la alegría de le gente que festejó el título sin parar.
Merced a una victoria por marcador de 2-1, nuevamente ante América de Cali, y gracias a dos anotaciones conseguidas por Alexis García de penalti y Luis Alfonso Fajardo de soberbio disparo, se pudo voltear un marcador adverso a favor de América y despedir el año con un nuevo título que tiene precisión calendaria en el 20 de diciembre de 1991. Si a todo esto se le suma que con esto se despidió al doctor Gabriel Ochoa Uribe de la dirección técnica en el fútbol, el logro trasciende aún más. Nacional era pentacampeón. Su pueblo no paraba de celebrar.
1994: El título de René
Ya Atlético Nacional no tenía la constelación de estrellas de años anteriores. El grupo se había mermado en calidad y en cantidad. Habían salido Francisco Maturana y Hernán Darío Gómez de su seno hacia la Selección Colombia y las riendas del equipo las había agarrado el jericoano Juan José Peláez. Nacional no despertaba favoritismos de nadie. Interiormente, el equipo sabía a qué jugaba.
Poco a poco se fue conformando una nómina interesante. Y Nacional iniciaba con pie derecho su participación. Campeón del torneo Apertura, del Finalización, del primer cuadrangular y del segundo cuadrangular, hecho que solamente había realizado en una ocasión América de Cali. Los verdes ganaron todo lo que jugaron y se coronaron campeones el 19 de diciembre de 1994 gracias a un gol agónico de Juan Pablo Ángel ante Medellín.
Y entre los monstruos de aquella faena estaba nada más ni nada menos que René Higuita quien conseguía su único título colombiano luego de pasar un año tras las rejas, soportar la muerte dolorosa de Andrés Escobar, observar el retiro por amenazas de Gabriel Jaime Gónez y regresar para decir que era el mejor. Además de él, estaban Nixon Perea, Víctor Marulanda, Edgar Cataño, Víctor Aristizábal, Alex Comas, Daladier Ceballos, Luis Fernando Herrera, Mauricio Serna, Alexis García, José Fernando Santa y Alirio Serna, entre otros.
Nacional bajaba del firmamento su sexta corona, la colgaba del escudo y acostumbraba a sus feligreses a celebrar a menudo. Nuevamente con solo colombianos, los verdolagas daban la vuelta olímpica frente a sus seguidores y sus rivales, y se mimetizaba de leyenda.
1999: De nuevo ante América
Otra vez un 20 de diciembre, Atlético Nacional se coronaba campeón del fútbol colombiano. Otra vez ante América de Cali, los verdes daban una vuelta olímpica. Por séptima vez en 42 torneos patrios, el cuadro verdolaga terminaba como campeón, esta vez de la mano de Luis Fernando Suárez quien agarraba al equipo en agosto (primero estaba el argentino Reinaldo Merlo quien por su fútbol defensivo no conquistó al aficionado verdolaga) y lo sacaba campeón en diciembre.
Ya no existía la definición de cuadrangular todos contra todos sino que el campeón de junio se enfrentaba al campeón del Finalización. Y el campeón del torneo del segundo semestre fue Nacional, quien en una final apretada ante Independiente Medellín lo derrotó por marcador de 1-0 mediante tanto conseguido por Wílmer Ortegón, apeó a su tradicioonal rival de la final y ante América de Cali a partidos de ida y vuelta logró la séptima coronación de la historia.
El primer partido en Cali concluyó igualado a un gol y el tanto del empate providencial lo conquistó Oswaldo Mackenzie sobre la hora en el partido en el Pascual que tuvo en Miguel Calero al protagonista del partido en una jugada en la que “El Tigre” Castillo lo desbordaba para anotar el segundo tanto y el portero verdolaga lo derribaba fuera del área para ser expulsado. De no haberlo hecho, el tíutulo se quedaba en Cali.
Aparte de Calero, estaban jugadores como Robinson Martínez, Wílmer Ortegón, Ever Palacios, Pedro Álvarez, Víctor Marulanda, Leiner Orejuela, Alex Comas, Dúmar Rueda, Carlos Castro, Lucio España, Henry Zambrano y otros más. Todos ellos se encargaron al final del siglo de entregarle la corona al conjunto más representativo del balompié nacional en el siglo que se marchaba para siempre. Juntos, arañaron parte del espacio sideral y bajaron otro lucero para el escudo verdolaga.
2005-I: Héroes de leyenda
En 2005 Atlético Nacional repetía vuelta olímpica y convertía aa dos de sus jugadores históricos en héroes de leyenda puesto que ambos se convertían en los únicos futbolistas que pasaron por el club y le dejaron 3 títulos colombianos: Mauricio Serna y Víctor Hugo Aristizábal.
Ellos en compañía del argentino Hugo Morales, el venezolano Jorge Rojas, más Aquivaldo Mosquera, Humberto Mendoza, Andrés Saldarriaga, Camilo Zuñiga, Felipe Chará, Héctor Hurtado, Edixon Perea, José Amaya, Jair Rambal, Oscar Echeverry y Carlos Díaz, entre otros, llevaron al éxtasis a la afición más popular de Colombia y posibilitaron un carnaval sin precedentes en el país. Esa noche de junio de 2005 la ciudad enloqueció y el carnaval se presentó en cuanto sitio y esquina existiera en Medellín.
Bajo la sabia conducción de Santiago Escobar y Juan Jairo Galeano, Nacional llegaba a ocho coronas nacionales, se acercaba a América con doce y Millonarios con trece y lograba enterrar dos finales perdidas de forma consecutiva que herían profundamente el sentimiento verdolaga. La final contra Santa Fe fue una prueba fehaciente de la grandeza que había alcanzado el club puesto que para la final, por suspensiones y lesiones, los verdes no pudieron contar con siete jugadores titulares (Chará, expulsado en el 0-0 del partido de ida en Bogotá, Perea y Rojas por lesión, y Amaya, Hurtado, Mendoza y Mosquera por sanción) y con cinco elementos de los reservistas (Juan Carlos Mosquera, Hugo Soto, Robinson Muñoz, Carlos Álvarez, Cristian Marrugo) venció a un Santa Fe timorato que quería los penaltis para llevarse la gloria pero que a falta de 10 minutos para el final del partido se le complicó el destino cuando Carlos Díaz y Oscar Echeverry le entregaron a Nacional una nueva felicidad, la octava en su historia al embocar en el mismo arco de las alegrías del 99 y el 91, una nueva estrella patria.
2007-I: Se adelantó la novena
Usted, que todavía anda en celebraciones: ¿recuerda cómo inició esta historia? Pocos creen que fue desde diciembre en los días en que se elegía el equipo. Y la verdad es que fue ahí, aunque ya lo haya eyectado de la memoria. Quintabani se sabía capaz y fue el fogonero de la maquinaria. Y en ese entonces estuvo tan sereno como el domingo del infierno y la consagración. Desde antes había sido el artífice, en compañía del Presidente Víctor Hugo Marulanda Velásquez, del cambio que trascendía los maquillajes ocasionales de un torneo nuevo en disputa. Expuso sus ideas y comenzó a diferenciarse de sus antecesores.
Se hizo amigo de los jugadores. Pero con rasgos de humildad y de colectividad como no permitir que los futbolistas llegaran por separado a los entrenamientos, sino todos juntos en el bus desde la sede administrativa. Sitio en donde todo el personal se encargaba de motivar diariamente a los jugadores, inyectándole a cada uno, ese toque de clima laboral perfecto que se vive por estos meses en la institución. El primer round estaba ganado. Su mensaje fue bien recibido, y pudo aposentarse en el escalón de confiabilidad y respeto que deben tener los guías naturales. Por eso se convirtió en un trasmisor de ideas desde la sugerencia. Convencido y convincente.
Y con esos ingredientes pudo armar un equipo que siempre supimos a qué jugaba. A ser generoso y solidario con el espectáculo. A progresar por abajo, a dejarse tentar por las triangulaciones. A agradar a la tribuna gracias a la forma en que se conquistaban los goles. A sorprender con el cambio de ritmo y las llegadas por el costado diferente a por donde se iniciaban las jugadas. A perforar por afuera y rematar desde adentro.
Y gracias a que Nacional no se traicionó durante el semestre, ni siquiera cuando las cartas llegaron mal barajadas tras la derrota en Armenia y el empate en el minuto 93 contra Pasto de local, se pudo llegar con fe al ascenso del rendimiento. Aquél lejano día de la fiesta de los 60 años contra América, cuando a pesar de tres lesiones (Galván, Murillo y Echeverri) Nacional ganó 4-0 y disparó su convicción. Y la feligresía.
Hasta llegar al día de los globos, las banderas y el éxtasis. La tarde-noche de los extintores, el papel picado, los gorros y algunas bengalas. Unos chorizos verdes y blancos que transformaron las tribunas del Atanasio en una pancarta verdolaga. Hasta que el temblor contagioso de las 17:21 del domingo 17 de junio nos invadió a todos, cuando Víctor Aristizábal asomó su cabeza por el túnel encabezando la última fila triunfal, hasta la fecha, de Atlético Nacional en su historia.
La historia dirá que apenas sobre la hora Nacional redondeó el título con el gol épico de Diego Toro que ya está en la videoteca de todo el pueblo verde. Seguramente no tendrá memoria para indicar que en los últimos 20 minutos Nacional se arrimó con peligro de gol en 8 ocasiones, mientras el Huila solamente llegó una vez. La ansiedad, la presión y la sed de leyenda no permitían ni pensar ni tener paciencia. El partido era para haberlo definido mucho antes. Por esas cosas del fútbol, solamente se pudo hacer a falta de 3 minutos para el final. Espacio pequeño para comenzar a festejar en grande. Para levantar la copa y brindar por tantas y tantas cosas.
Pero sobre todo por entender que no alcanzaba con saberse el mejor como en muchas ocasiones, sino que había que demostrarlo. Por ganar tres puntos cuando no había méritos para ganarlos, demostrando que la mística es propia de nuestra historia. Como antes, los partidos cerrados se resolvieron favorablemente, entregando ese plus de antaño que hacía que los hinchas fueran tranquilos a cualquier latitud. Por eso se instalaron en el escalón de las deidades verdolagas. Porque acaban de ingresar al hall de la fama labrando una bella historia. Nacional campeón 2007. De aquí a la eternidad.
2007 II: Por fin Bicampeones
Atlético Nacional en el semestre fue un equipo infartante cuando Carmelo explotaba, Aristizábal se enchufaba y Aldo Ramírez tenía juego armónico. Hay un axioma del deporte que es hasta más viejo que el fútbol: cuando se juntan los que saben, se potencian los rendimientos. Y eso sucedió con Nacional 2007. El cuadro que hizo delirar a su afición con la consecución del primer bicampeonato de su historia y de la historia de los torneos cortos en nuestro país.Luego de casi cabalgar el torneo regular con 38 puntos de 54 posibles, llegaron los cuadrangulares que comenzaron de la peor forma: Aristizábal lesionado el resto de su carrera deportiva y gol para el triunfo de Galván en clara posición adelantada que comenzó a tejer cualquier tipo de historias en contra de Nacional. Las telarañas obviamente las ponían los rivales, especialmente la prensa caleña y bogotana que se resistían a ver otra coronación nacionalista. Pero nunca tuvieron en cuenta que si a Nacional le dieron, también le quitaron. ¿O acaso escucharon a alguien decir que antes del gol de Galván hubo penalti de Vanegas sobre Muñoz? Ninguno. La influencia de la suerte es igual a la de los árbitros: hoy te hace perder, mañana ganar. Lo que pasa con la suerte es que hay que buscarla al frente con criterio y no esperar a que favorezca atrás encerrados. Ahora, cuando se lesionó Aristizábal y los rivales creyeron que Nacional se venía abajo, el cuadro verdolaga dejó su impronta, ratificó su método, recreó su búsqueda y pateó el tablero de aquellos que sospechaban que el gigante iba a ser fisurado por el peso de las circunstancias adversas. Se equivocaron.Nacional acostumbró a las Empresas Varias de Medellín a recoger la grandeza del club cada que concluye un semestre. Y toca agradecer porque nos tocó ser aficionados de un equipo en cuya paleta de colores no existen los grises. Todo es arco iris. Concluyó un año que no merece esta crónica sino que merece un canto. Y todos los hinchas decimos que la alegría la sentimos en el alma. Y es muy probable que la definición no resulte estrictamente académica. Ni nada técnica. Pero es rigurosamente exacta.Todos estamos soñando el mejor sueño que nos podamos imaginar: el de la mágica realidad. Y se recuerda la fiesta de toda esa gente verdolaga a la que para dar todo les alcanza con casi nada. Por eso envolvieron en cuestión de 72 horas, dos estadios en un óvalo en populares, preferencias y orientales, con la pintura espectacular de los colores vigentes: el verde y el blanco. Y ahí es donde uno piensa que en la calle dicen que la barra de Nacional es la mejor. Pero se quedan cortos. Los hinchas están hoy por hoy con tanta gloria conjunta, motorizados a alentar en una especie de reflejo condicionado del fisiólogo Iván Pavlov, es decir, juega Nacional, hay que gritar.Los gritos estaban cargados de felicidad y solo los escuchaba Dios. El único que escucha cuando habla el alma. Un equipo es una fuerza colectiva confiable, inteligente, sólida, equilibrada y capaz de imponer sus virtudes individuales aún en los pasajes desfavorables, mientras que un equipo inmaduro se equivoca donde no lo debe hacer (en las dos áreas), duda, se deja ganar por la inseguridad y no sabe como monitorear o poner en órbita un partido que viene torcido o se presenta complejo. Por eso tantos festejos en 2007. Nacional no ha necesitado un maquinista de emergencia porque la locomotora nunca estuvo fuera de control. Ese equipo recuperó la auténtica mística verdolaga de ir tranquilo a cualquier cancha. Porque ganó partidos que venían torcidos como el de Cúcuta. Y por eso la afición de Nacional se mimetizó con una de las más impresionantes óperas de gratitud a sus colores y a sus jugadores en ese 19 de diciembre que entró en la memoria de todos. NACIONAL BICAMPEÓN. Pucha, ¡qué lindo suena! ¡¡¡ NACIONAL BICAMPEÓN!!!
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